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No basta con estar en la escuela

El nuevo desafío de la educación panameña...

No basta con estar en la escuela

Comparto reflexiones sobre el nuevo informe de UNICEF, el cual nos recuerda que no basta con estar en la escuela.  El éxito de un sistema educativo no se mide únicamente por cuántos estudiantes están sentados en un salón de clases, sino por cuántos avanzan al ritmo esperado, aprenden con profundidad y desarrollan plenamente sus capacidades.

Y es que durante muchos años, el gran objetivo de las políticas educativas consistió en lograr que todos los niños asistieran a la escuela. Era una meta legítima. En muchos países, incluido Panamá, ampliar la cobertura educativa representó un enorme avance social y una condición indispensable para garantizar el derecho a la educación.

Sin embargo, el mundo ha cambiado. Hoy sabemos que matricular a un niño no garantiza que aprenda, ni mucho menos que desarrolle las competencias necesarias para desenvolverse en una sociedad cada vez más compleja. El verdadero desafío ya no consiste únicamente en abrir las puertas de las escuelas, sino en asegurar que quienes entran progresen, aprendan y culminen su trayectoria educativa con los conocimientos y habilidades que demanda el siglo XXI.

Informe de UNICEF

Esa es precisamente la principal conclusión del reciente informe de UNICEF En la escuela, pero quedándose atrás (In School but Falling Behind), que introduce una perspectiva tan sencilla como reveladora: millones de niños asisten regularmente a clases, pero avanzan más lentamente de lo esperado para su edad. En otras palabras, están físicamente en la escuela, pero académicamente se están quedando atrás.

Este enfoque representa un cambio importante en la manera de evaluar el desempeño de los sistemas educativos. Durante décadas hemos medido el éxito mediante indicadores como la matrícula, la asistencia o la cobertura escolar. Son indicadores importantes, pero claramente insuficientes. Un país puede exhibir cifras cercanas a la universalización de la educación y, al mismo tiempo, tener una proporción considerable de estudiantes que no adquieren las competencias básicas de lectura, escritura y matemáticas.

UNICEF propone observar también la relación entre la edad del estudiante y el grado que cursa. Cuando un alumno presenta un retraso importante respecto al grado que le corresponde, aumentan considerablemente las probabilidades de bajo rendimiento, repetición, abandono escolar y dificultades para continuar estudios superiores o incorporarse al mercado laboral.

En realidad, el rezago escolar no aparece de un día para otro. Es el resultado de pequeñas dificultades que se van acumulando con el paso de los años: aprendizajes insuficientes en los primeros grados, problemas familiares, pobreza, ausentismo, deficiencias en la enseñanza, falta de apoyo oportuno o interrupciones prolongadas del proceso educativo. Cuando nadie interviene a tiempo, la brecha entre el estudiante y el currículo continúa ampliándose hasta convertirse en un obstáculo difícil de superar.

Pertinencia para Panamá: ¿están aprendiendo realmente nuestros estudiantes?

Este hallazgo resulta particularmente pertinente para Panamá.

Como he señalado repetidamente en este blog, por años el debate nacional sobre educación ha estado dominado por temas importantes como la infraestructura escolar, las huelgas docentes, el calendario académico, la conectividad, la inversión pública o la actualización curricular. Todos ellos merecen atención, pero no basta con estar en la escuela. Con frecuencia dejamos en segundo plano una pregunta mucho más importante: ¿están aprendiendo realmente nuestros estudiantes?

La respuesta no puede limitarse a verificar cuántos alumnos se matricularon al inicio del año o cuántos permanecen inscritos hasta diciembre. Debemos conocer cuántos avanzan oportunamente, cuántos desarrollan las competencias fundamentales y cuántos llegan al final de cada etapa preparados para afrontar la siguiente.

Diversas evaluaciones internacionales llevan años alertando sobre las dificultades de aprendizaje en numerosos países de América Latina. Panamá no ha sido la excepción. Los resultados obtenidos en distintas mediciones muestran que una parte importante de nuestros estudiantes termina la educación obligatoria sin alcanzar niveles satisfactorios de comprensión lectora, razonamiento matemático y resolución de problemas. Esa realidad limita sus oportunidades futuras y reduce la competitividad del país.

Por ello, la discusión sobre la calidad educativa debe dejar de concentrarse exclusivamente en los insumos —más presupuesto, más edificios o más computadoras— para poner el foco en los resultados. La infraestructura es necesaria. Los docentes requieren mejores condiciones de trabajo. Los estudiantes necesitan ambientes seguros y adecuados. Pero todo ello constituye un medio, no el fin último del sistema educativo.

El propósito de la educación consiste en que cada estudiante aprenda, avance y desarrolle plenamente su potencial.

El informe de UNICEF también pone de relieve otro aspecto fundamental: las desigualdades sociales terminan reflejándose dentro del aula. Los niños provenientes de hogares con menores ingresos, de áreas rurales o de comunidades históricamente excluidas presentan mayores probabilidades de acumular retrasos escolares. De esa manera, la escuela, en lugar de corregir las desigualdades de origen, puede terminar reproduciéndolas si no ofrece apoyos diferenciados y oportunos.

En Panamá esta realidad adquiere una dimensión particularmente sensible. Las brechas entre las zonas urbanas, rurales y las comarcas indígenas siguen siendo profundas. Todavía existen escuelas con limitaciones de infraestructura básica, dificultades para atraer y retener docentes, problemas de conectividad y barreras de acceso que afectan la continuidad de la trayectoria educativa. UNICEF ha señalado que miles de niños y adolescentes siguen fuera del sistema escolar y que persisten carencias de agua potable, saneamiento y electricidad en numerosos centros educativos, especialmente en las regiones más vulnerables.

Conclusión: no basta con estar en la escuela

Una política educativa moderna debe incorporar mecanismos de identificación temprana del rezago escolar. Los sistemas de información deberían permitir detectar rápidamente a los estudiantes que comienzan a quedarse atrás para ofrecerles tutorías, acompañamiento pedagógico, apoyo socioemocional y estrategias de recuperación antes de que el problema se vuelva irreversible.

Al mismo tiempo, resulta indispensable fortalecer la educación inicial. La evidencia internacional demuestra que muchas de las brechas de aprendizaje comienzan antes incluso del ingreso a la educación primaria. Invertir en la primera infancia no solo mejora el desempeño académico posterior, sino que constituye una de las políticas públicas con mayor retorno económico y social.

También es necesario fortalecer la formación continua de los docentes, modernizar las metodologías de enseñanza, incorporar evaluaciones que orienten la mejora del aprendizaje y construir una verdadera cultura de evaluación que permita tomar decisiones basadas en evidencia y no únicamente en percepciones.

Panamá necesita que el debate educativo evolucione. La pregunta ya no debe ser únicamente cuántos niños llegan a la escuela. Debe ser, sobre todo, cuántos están aprendiendo y cuántos están construyendo las competencias que les permitirán participar plenamente en la sociedad del conocimiento.

Porque, al final, no basta con estar en la escuela. Es apenas el comienzo. Lo verdaderamente importante es no quedarse atrás.

 

 

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