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Desnutrición crónica infantil en las comarcas indígenas

Por una solución real multisectorial y realizada junto con los propios pueblos indígenas, respetando sus dinámicas y cultura.

Desnutrición crónica infantil en las comarcas indígenas

La desnutrición infantil en las comarcas indígenas de Panamá es un problema grave y persistente, con tasas de desnutrición crónica que superan ampliamente la media nacional y latinoamericana. En algunas comarcas, hasta un 39% de los niños menores de cinco años sufren de desnutrición crónica.

Este es un gravísimo problema de salud pública, pues la desnutrición causa daños irreparables al desarrollo físico y cognitivo de los niños, debilitando su sistema inmunológico, deteniendo su crecimiento y limitando el desarrollo del cerebro y, por lo tanto, el rendimiento escolar y las posibilidades de desarrollo social y económico. Comparto información relevante sobre las brechas críticas en comarcas indígenas y hogares vulnerables de Panamá, y acciones prioritarias para enfrentar este grave problema.

Desnutrición crónica infantil en las comarcas indígenas: brechas críticas en comarcas indígenas y hogares vulnerables de Panamá

De acuerdo con el último Informe de pobreza multidimensional de niños, niñas y adolescentes 2022 en Panamá hay 475,498 niños, niñas y adolescentes viviendo en pobreza multidimensional, lo que representa el 34% de nuestros menores de edad. Este porcentaje de niños y niñas en situación de pobreza ha aumentado, pasando del 32.8% en 2018 al 34.0% en 2022, por lo que debe ser una prioridad de nuestras autoridades.

Aunque los resultados ilustran diversidad entre divisiones político-administrativas, es clarísimo que en las áreas comarcales se presentan las mayores proporciones de niños y adolescentes viviendo en pobreza multidimensional, ya que la incidencia se muestra de la siguiente manera en las comarcas Guna Yala (94% de pobreza), Ngäbe Buglé (91.5%) y Emberá Wounaan (86.8%). Las dos provincias que le siguen a las comarcas con mayores proporciones de niños y adolescentes en estado de pobreza son Darién, con una incidencia de 48.0%, y Bocas del Toro, con 48.6%. La situación obedece a que en estas provincias existen muchas áreas de difícil acceso y una alta presencia de población indígena. En esas zonas, además de desnutrición, se sufre el fenómeno de la “doble carga”: desnutrición o anemia junto con sobrepeso u obesidad.

En las áreas indígenas, la prevalencia de retraso en el crecimiento es aproximadamente del 39 % o más, con comarcas como Ngäbe Buglé (36 %), Emberá (54 %) y Guna Yala (~57 %). A nivel nacional, la misma cifra ronda los 5–6 %, lo que refleja una disparidad marcada.

Las brechas en nutrición y salud infantil se traducen en menor desarrollo cognitivo, institucionalización del ciclo de pobreza y mayores riesgos de enfermedades crónicas. Además, la interacción entre embarazo temprano, inseguridad alimentaria, falta de servicios y exclusión educativa perpetúa la vulnerabilidad.

Esta variabilidad en la incidencia de la pobreza multidimensional _directamente relacionada con la desnutrición crónica infantil_ subraya la importancia de adaptar las políticas públicas para responder efectivamente a las necesidades específicas de cada región, garantizando que los esfuerzos para combatir la pobreza sean inclusivos y efectivos en todo el territorio nacional.

Recomendaciones para políticas públicas

De acuerdo con el Informe de pobreza multidimensional de niños, niñas y adolescentes 2022 Para erradicar la pobreza infantil y lograr el pleno cumplimiento de los derechos de niños, niñas y adolescentes, se recomienda:

Acciones prioritarias

Por su parte UNICEF, apuesta por la universalización de los servicios de desarrollo infantil temprano y la atención primaria en salud. Para ello se necesita:

Desnutrición crónica infantil en las comarcas indígenas: conclusión

Las brechas en las comarcas indígenas no solo son mayores en magnitud (mucho más altas que el promedio nacional), sino que están interconectadas: pobreza multidimensional, falta de servicios, discriminación institucional, pérdida cultural y ciclos intergeneracionales. Cualquier solución real debe ser multisectorial —reuniendo salud, educación, nutrición, infraestructuras, cultura y empoderamiento comunitario— y realizada junto con los propios pueblos indígenas, respetando sus dinámicas y cultura. Se requieren esfuerzos continuos para mejorar infraestructura, promover cambio cultural y asegurar financiamiento estable hasta 2030, con el fin de alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible y erradicar la malnutrición infantil.

Una mención especial merece la necesidad de recuperar las prácticas alimentarias tradicionales). Representa una estrategia poderosa y con múltiples beneficios: combate la desnutrición, fortalece las identidades culturales, promueve la soberanía alimentaria y empodera a las comunidades. Es un claro ejemplo de cómo la nutrición puede integrarse con justicia social y respeto a la diversidad cultural.

 

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