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Estamos en riesgo de un repunte de COVID-19Es evidente que estamos en riesgo de un repunte de COVID-19. Aunque el comportamiento actual de la epidemia en nuestro país genere en muchos de nosotros una sensación de calma y tranquilidad, consecuencia de los indicadores de la enfermedad que muestran una clara tendencia hacia la baja; es muy preocupante cuando vemos que en la mayoría de los países del mundo, en especial en nuestros vecinos inmediatos, la situación es otra. Pero ¿será que estamos en riesgo deun repunte de COVID-19?, o ¿podemos relajarnos un poquito? Vemos los argumentos disponibles y actuemos en consecuencia.

Comparto a continuación las ideas centrales de mi artículo de opinión en La estrella de Panamá hace unos días, complementado con información internacional y nacional relevante, así como con un nuevo apartado para destacar el comportamiento de la epidemia durante el mes de abril; para entender si todavía estamos en riesgo o no.

¿Qué está pasando en el mundo?

Para comenzar, la OMS informa recientemente que, “la pandemia de COVID-19 no muestra signos de alivio, y la incidencia mundial de casos y muertes ha aumentado a un ritmo preocupante desde mediados de febrero de 2021, luego de siete semanas de disminución y aparente control”.

Riesgo de un repunte de COVID-19

A nivel mundial, los casos nuevos de COVID-19 aumentaron por novena semana consecutiva, con casi 5.7 millones de casos nuevos reportados en la última semana, superando los picos anteriores. El número de nuevas muertes aumentó por sexta semana consecutiva, con más de 87,000 nuevas muertes reportadas. Esta semana, todas las regiones están informando disminuciones en la incidencia de casos, excepto las regiones de Asia Sudoriental y Pacífico Occidental. Por tercera semana consecutiva, la región de Asia Sudoriental registró los mayores aumentos relativos tanto en la incidencia de casos como de muerte. El mayor número de casos nuevos se notificó en la India (2,172,063 casos nuevos; aumento del 52%), los Estados Unidos de América (406,001 casos nuevos; disminución del 15%), Brasil (404,623 casos nuevos; disminución del 12%), Turquía (378,771 casos nuevos; disminución del 9%) y Francia (211,674 casos nuevos; disminución del 9%).

La Región de las Américas notificó más de 1.4 millones de casos nuevos y más de 36,000 nuevas muertes, una disminución del 8% y del 7%, respectivamente, en comparación con la semana anterior. La región ha reportado una tendencia decreciente en nuevos casos en la última semana luego de ocho semanas de un aumento gradual, la tendencia en nuevas muertes también disminuyó en la última semana. El mayor número de casos nuevos se notificó en los Estados Unidos de América (406,001 casos nuevos; 122.7 casos nuevos por 100,000; una disminución del 15%), Brasil (404,623 casos nuevos; 190.4 casos nuevos por 100,000; un 12% disminución) y Argentina (166,024 casos nuevos; 3673 casos nuevos por 100 000; un aumento del 3%). El mayor número de nuevas muertes se registró en Brasil (17,667 nuevas muertes; 8.3 nuevas muertes por 100,000; una disminución del 12%), los Estados Unidos de América (4,951 nuevas muertes; 1.5 nuevas muertes por 100,000; una disminución del 4%) y Colombia (2,882 nuevas muertes; 5.7 nuevas muertes por 100,000; un aumento del 26%).

¿Por qué ha pasado eso?

De acuerdo con la comunidad científica internacional, los países afectados, ignoraron el riesgo de COVID-19. En ese sentido, es probable que el resurgimientos en los últimos cuatro meses hayan sido impulsados tanto por la aparición de variantes más agresivas del SARS-CoV-2, que, por cierto, ya están en Panamá; así como por el uso inconsistente o abandono temprano de las medidas sociales y de salud pública. Ya sea por cansancio o por la llamada “euforia por las vacunas”, causante de que algunas personas asuman que las vacunas han terminado con la pandemia, al menos donde viven. Y eso no es así, pues hasta que no alcancemos más del 70% de inmunidad colectiva, no saldremos de ésta.

Lo más peligroso de este asunto, es que mientras el virus siga circulando, más variantes aparecerán, muchas de ellas asociadas con una mayor transmisión, mayor gravedad de la enfermedad y, lo peor, un mayor riesgo de falla de la vacuna o reinfección.

¿Estamos en riesgo de un repunte de COVID-19 en Panamá?

Para contestar esa pregunta es necesario analizar con objetividad y sin triunfalismos precipitados, nuestra situación actual, veamos: desde hace 16 semanas mantenemos el claro descenso en el número de casos acumulados y defunciones reportados por millón de habitantes. Asimismo, realizamos en promedio cerca de 9,000 pruebas de laboratorio diarias, para una positividad menor del 4%, por debajo de meta de 5% que establece la OMS para controlar la epidemia. Además, llevamos a cabo un intenso programa de vacunación que nos ha permitido aplicar cerca de 700,000 dosis de vacunas contra la COVID-19 hasta el día 1 de mayo. Pero, y lo subrayo, así mismo estaban hasta hace poco muchos países de américa y Europa y ahora enfrentan una situación de gravísima crisis humanitaria, por desestimar el riesgo de COVID-19.

Igualmente, como subraya Juan Ramón Vallarino en Twitter, «el número de fallecidos y de hospitalizados ha descendido a niveles solo vistos muy al inicio de la pandemia. Actualmente, ningún indicador muestra señales de aceleración, de tercera ola o de mero incremento (sin perjuicio de que la parte Oeste del país mantiene más casos de los que serían ideal)«.  Pero, y lo subrayo, así mismo estaban hasta hace poco muchos países de américa y Europa y ahora enfrentan una situación de gravísima crisis humanitaria, por desestimar el riesgo de un repunte de COVID-19.  Como agrega Vallarino, «si bien estamos en un momento dónde podemos respirar un poco y soñar con vivir de nuevo, no debemos claudicar, porque a esta pelea le faltan unos “rounds” todavía».

Parece claro entonces que, nuestro país no está exento de riesgo de un repunte de COVID-19, al contrario, y lo subrayo para que no quede duda, as’i cm ocurri’o en europa, todavía estamos en riesgo de un repunte de COVID-19, y sigue siendo muy alto. Es así porque no somos una isla que vive en una burbuja invulnerable, a la cual no la afecta el contexto mundial. No es así. Aunque somos un pequeño país, con relativamente pocos habitantes; nuestra posición geográfica nos coloca en una posición favorable para el arribo de variantes con implicaciones fenotípicas e importancia global. De hecho, gracias a la vigilancia epidemiológica y genómica, se ha logrado la  detección en nuestro país de diversas variantes de riesgo por su características altamente contagiosas: variante Brasileñas P1 24 y  de la variante P2  3, variante Californiana 3, variante Británica11, variante Nueva York 1, totalizando la detección en nuestro país de 42 pacientes con variantes de riesgo.

Pero, de nosotros depende que ese riesgo de un repunte de COVID-19 no se transforme en realidad.

Comportamiento de la epidemia en Panamá durante el mes de abril

Como se aprecia en la gráfica, durante el mes de abril mantuvimos un promedio de 320 casos diarios de COVID-19, lo que representa una meseta, la cual evidencia una especie de empate técnico entre el virus y nosotros, pero no nos libra del riesgo de un repunte de COVID-19. Por otro lado, mostramos una clara tendencia al descenso de las defunciones, así como una disminución sostenida en las hospitalizaciones en sala y UCI. Es decir, el balance es positivo y vamos avanzando, pero hay que mantener y hasta redoblar el esfuerzo.

Por otro lado, la mayor incidencia de COVID-19 se presenta en tres provincias, una de ellas fronteriza con Costa Rica, hermano país que atraviesa en estos momentos un intenso repunte de casos, hospitalizaciones y defunciones. Es evidente que, por nuestra parte, debemos redoblar el esfuerzo por la vigilancia epidemiológica, la vacunación y el fortalecimiento de la red de servicios en esas tres provincias.

¿Qué tenemos que hacer para disminuir el riesgo de un repunte de COVID-19?

En ese sentido, el último informe de la OMS, en su apartado “Update on WHO COVID-19 global rapid risk assessment” deja claro que todavía estamos en Riesgo de un repunte de COVID-19, y subraya lo que ya sabemos y venimos haciendo: “la prevención y el control de infecciones y el cumplimiento con las medidas sociales y de salud pública han demostrado ser fundamentales para mitigar y limitar la transmisión y las muertes por COVID-19”. Esas medidas deben ser monitoreadas y ajustadas continuamente para tener en cuenta la intensidad de la transmisión y la capacidad del sistema de salud en todos sus niveles. Nuestra estrategia de comunicación debe fortalecerse para garantizar el compromiso ciudadano y evitar la fatiga pandémica, amén de permitir la recuperación progresiva y ordenada de la economía.

Por otro lado, nuestro sistema de salud debe aprovechar para fortalecer su capacidad integral de resolución, como, por cierto, ya lo están haciendo la CSS y el MINSA. Este respiro que el control de la epidemia le ha proporcionado a los hospitales y establecimientos de salud, puede no ser permanente, y hay que estar preparados. Revisemos y mejoremos el estado de la infraestructura existente; compremos, al mejor precio y calidad disponible, las camas y equipos necesarios; aprovechemos las mejores opciones de negociación y compra de medicamentos, como el oxígeno y la terapia sistémica con corticosteroides para aquellos con COVID-19 grave o crítico y; no menos importante, fortalezcamos los procesos de educación y capacitación permanente de nuestros recursos humanos.

Al final, el elemento necesario e indispensable para enfrentar el riesgo de un repunte de COVID-19 y garantizar nuestra protección en el mediano y largo plazo serán las vacunas contra la COVID-19. Nosotros vamos por buen camino: tenemos acceso a dos vacunas seguras y efectiva. Hasta ayer se han aplicado cerca de 600,000 dosis, y hemos vacunado con dos dosis a cerca del 5% de la población. El asunto es que para vacunar de forma oportuna a los casi tres millones de ciudadanos que nos hacen falta para alcanzar la inmunidad de rebaño necesitamos tener acceso a cerca de siete millones dosis adicionales, y eso sin contar con que probablemente se requieran tres dosis para las vacunas que tenemos.

Como declaró recientemente el director de la OMS, en un mundo caracterizado por la inequidad en el acceso a las vacunas, la humanidad necesita que, “los países y las empresas que controlan el suministro global compartan financieramente, compartan sus dosis con Covax de inmediato y compartan sus conocimientos para aumentar de forma urgente y masiva la producción y distribución equitativa de vacunas”. Cierro con el reto final del Dr. Tedros: “si lo hacemos o no, no es una prueba de ciencia, fuerza financiera o destreza industrial; es una prueba de carácter”.

 

 

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