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El SARS-CoV-2 no da treguaEl SARS-CoV-2 no da tregua. Como señaló en el año de 1842, el maestro del Libertador, en su libro Sociedades Americanas, al acuñar la frase de «inventamos o erramos«, estamos obligados a, anticipar, ser estratégicos y creativos. Aunque la frase se refería a la urgencia que existía de una ruptura con el pasado colonial y el proceso de independencia, que por cierto no ha terminado; la consideré apropiada para titular esta entrega en la que reflexionaré una vez más sobre la delicada situación que atravesamos en nuestra lucha contra el tenaz microbio, haciendo un llamado a la creatividad complementaria que nos hará falta para acabar con esta epidemia.

Pero por favor no me malinterpreten por el título pues opino que, así como el SARS-CoV-2 no da tregua, nuestra estrategia desarrollada hasta ahora ha sido la correcta, como lo evidencia claramente una mirada a los indicadores que mantenemos. No obstante, una mirada profunda, utilizando la lupa de la inteligencia epidemiológica, nos permite observar algunos detalles inquietantes que requieren de fortalecer el quehacer conocido y concebir nuevas ideas. En ese contexto comparto con ustedes el contenido de mi artículo de opinión en La Estrella de Panamá, al cual le he insertado algunas gráficas que facilitan la reflexión y el quehacer frente a este virus que no da tregua.

El SARS-CoV-2 no da tregua: breve resumen de la situación de la epidemia en Panamá

Esta semana presentamos un ligero aumento en el número de casos de COVID-19 acumulados reportados por millón de habitantes, pasando de 499.7 casos por millón de habitantes la semana pasada a 511.4 en la semana que terminó ayer sábado 1 de mayo de 2021. Por otro lado, las defunciones reportadas semanalmente por millón de habitantes también aumentaron ligeramente en el mismo período, pasando de 4.7 a 6.1 fallecidos por millón de habitantes. Son noticias inquietantes, sigamos cumpliendo con las medidas de autocuidado que conocemos y aprovechemos las vacunas disponibles.

Por otro lado, una mirada a la situación durante el mes de abril nos permite observar que, durante el mes mantuvimos un promedio fijo de 320 casos diarios de COVID-19, lo que representa una meseta muy preocupante, porque, a pesar de nuestras intervenciones, no hemos logrado llegar a la fase de agotamiento de la epidemia. Y no podemos confiarnos en la vacuna, pues para garantizar la inmunidad colectiva necesaria para frenar la epidemia, necesitaremos aplicar dos dosis a tres millones de ciudadanos y, a pesar del compromiso e intenso esfuerzo desplegado por nuestro personal de salud, no lo podremos conseguir en el corto plazo.

Esta situación por sí sola no fuera inquietante si la incidencia fuera pareja en todo el territorio nacional, y no existiera el contexto internacional que nos rodea. Pero ese no es el caso, ya que las provincias de Chiriquí, Bocas del Toro y Veraguas, presentaron durante el mes de abril una incidencia en casos de COVID-19 reportados por 100 mil habitantes, equivalente a cinco veces el promedio del resto del país. A eso agreguemos que, la provincia de Chiriquí es fronteriza con Costa Rica, que atraviesa una un repunte descontrolado de la epidemia de COVID-19. Además, tenemos circulando en el territorio nacional, un virus que presenta diversas variantes de riesgo por su características altamente contagiosas.  Algo está pasando en esas provincias, y es aquí donde tenemos que concebir nuevas intervenciones.

¿Qué tenemos que hacer?

En ese sentido, como señalé en un artículo previo, enfrentamos un elevado riesgo para la salud pública nacional. Sin embargo, también parece claro el camino que tenemos que seguir y será poco lo que tenemos que inventar para enfrentar SARS-CoV-2. Se trata pues, de fortalecer el desarrollo de las intervenciones conocidas de salud pública en todo el territorio nacional, a la vez que proponemos intervenciones adicionales para estas tres provincias. Veamos algunas ideas, tanto para proteger a la población y contener la propagación de la COVID-19, como para evitar o minimizar el ingreso del virus.

Para comenzar, no hay duda de que hay que intensificar la campaña de vacunación en estas tres provincias, con la adecuación necesaria de la estrategia de vacunación a aplicar para cubrir la mayor cantidad posible de población, priorizando a los adultos mayores y a las personas con enfermedades crónicas. No será fácil, pues solo en Chiriquí hay cerca de medio millón de personas, y entre las tres suman 900 mil ciudadanos; pero es obligatorio para contener la propagación de la enfermedad. No menos importante será el fortalecimiento del proceso de identificación y aislamiento de casos y contactos, creando controles en puntos estratégicos para la vigilancia epidemiológica desde Bugaba en Chiriquí, hasta Divisa en la provincia de Veraguas.

Pero ¿cómo evitamos que el virus de la COVID-19 entre al país? Y para eso es que tenemos que inventar intervenciones viables y factibles. La respuesta inmediata es “cerremos la frontera”. Esa acción es factible de aplicar en el caso de un aeropuerto, asumiendo el costo político y económico. Pero en una frontera terrestre, como es el caso de la frontera con Costa Rica y ya no digamos la de Colombia, es virtualmente imposible y también tendría un costo político y económico. De la contención en la frontera con Colombia, parece estar haciéndose cargo el llamado “tapón del Darién” y siempre podremos examinar a los viajeros en diferentes puntos desde Yaviza hasta la ciudad de Panamá.

Otra cosa es la frontera con Costa Rica. Esa es una frontera “mega-porosa”. Usted puede intensificar los controles en las oficinas de migración, haciéndole exámenes a todos los viajeros que vengan formalmente desde el hermano país, ya sea turistas o comerciantes. Pero cómo controlar el paso a través de los negocios que tienen puertas de entrada y salida en ambos países, o los caminos y trillos que hay desde Puerto Armuelles hasta Guabito en Bocas del Toro. Recordemos que el SARS-CoV-2 no da tregua y está repotenciado, por lo que necesitamos concebir y aplicar nuevos enfoques, con una renovada participación intersectorial y social, o nos veremos, más pronto que tarde, en la misma situación de los vecinos, perdiendo lo avanzado en salud pública y recuperación de la economía del país en este año de lucha.

Tienen la palabra nuestras instituciones públicas, las no gubernamentales, la empresa privada y la población. O inventamos o erramos, y perdemos la batalla contra el virus.

 

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