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Defunciones por COVID-19Los panameños nos preguntamos cuántas defunciones por COVID-19 vamos a seguir padeciendo en el corto, mediano y largo plazo. Muchos, confiados en el avance de la campaña de vacunación, junto con la disciplina ciudadana y el desempeño de las instituciones de salud; abrigan la esperanza de que más pronto que tarde lograremos acabar con la epidemia. Otros, más recelosos, han aceptado que la enfermedad se convertirá en una endemia, y todos los años, a pesar de las vacunas, tendremos brotes o repuntes que, aunque leves, producirán hospitalizaciones y defunciones.

Pero ¿quién tiene la razón? Ojalá y sean los primeros y logremos erradicar el SARS-CoV-2, causante de la COVID-19. Personalmente lo veo difícil, si no imposible, pues estos virus respiratorios se quedan para siempre y la pregunta será ¿cuántas defunciones por COVID-19 estamos dispuestos a aceptar” Para ayudarnos a darle respuesta a esa pregunta, tomaré prestados (en cursivas y entre comillas) los argumentos del excelente artículo de la prestigiosa revista científica NATURE titulado originalmente en inglés “How many COVID deaths are acceptable in a post-pandemic world?”, complementados con información nacional. Aunque la publicación se refiere principalmente a USA, Israel y Europa, los razonamientos ofrecidos son aplicables a nuestra realidad.

La Publicación comienza poniendo de relieve que “tenemos que aceptar que las personas se infectarán, irán al hospital y morirán de COVID-19 en el futuro. Incluso después de las vacunaciones masivas, algunas hospitalizaciones y muertes por el coronavirus serán inevitables, pero las opiniones difieren sobre cuántas son demasiadas para volver a la normalidad relativa”. Vayamos al contenido del artículo y preguntémonos cómo podremos  vivir con el virus y qué nivel de riesgo estamos dispuestos a absorber.

Defunciones por COVID-19: diferentes naciones, diferentes respuestas

  • Los investigadores dicen que no existe un número universalmente acordado de hospitalizaciones y muertes que las sociedades consideren aceptable. Pero hay algunas situaciones que la mayoría de las naciones harán todo lo posible por evitar, como el exceso de muertes provocadas por la saturación de los hospitales”.
  • Las muertes anuales por enfermedades como la influenza, que antes de la pandemia mataba entre un cuarto de millón y medio millón de personas cada año en todo el mundo, ofrecen un barómetro. Y en Israel, por ejemplo, donde las tasas de vacunación son altas y la vida está volviendo a la normalidad, la gente parece haberse decidido por unas pocas muertes al día como el número aceptable”.
  • Los científicos y los funcionarios de salud pública están comenzando a discutir sobre el nivel aceptable de riesgo, pero las decisiones involucran factores culturales, éticos y políticos y difieren ampliamente entre las regiones. “Cada país establecerá su propio umbral”, dice Sylvie Briand, jefa de gestión de riesgos infecciosos de la Organización Mundial de la Salud en Ginebra, Suiza”.

En nuestro caso, el año pasado acumulamos 4,200 fallecidos, pero desde hace 16 semanas mantenemos el claro descenso en el número de casos acumulados y defunciones reportados por millón de habitantes, llegando a un promedio de 4 defunciones diarias durante el pasado mes de abril. Si mantenemos ese promedio podemos terminar el año con 1,400 defunciones por COVID-19, ojalá mucho menos, dependiendo de la cobertura y el efecto de las vacunas.

Casos y defunciones por COVID-19 1 de mayo de 2021

¿Niveles aceptables de peligro?

Sobre los niveles aceptables de peligro, la publicación de NATURE señala lo siguiente:

  • Los investigadores aún no tienen claro cómo se compararán eventualmente las muertes anuales por COVID-19 con las muertes que las sociedades han estado dispuestas a soportar por la influenza y otras enfermedades endémicas. Solo en el Reino Unido, las epidemias de gripe estacional matan a miles de personas cada invierno”. “Este parece ser un riesgo aceptable para la sociedad, y la vacunación repetida y algunas medidas continuas de distanciamiento podrían mantener las muertes por COVID-19 a este nivel”.

En Panamá, de acuerdo con el INEC, cada año fallecen en el territorio nacional más de 15 mil personas por enfermedades crónicas no transmisibles, causas externas de mortalidad (accidentes, homicidios, suicidios), enfermedad por el VIH, neumonías y enfermedades del sistema digestivo. Entonces, antes de contestar la pregunta sobre las defunciones por COVID-19, debemos preguntarnos ¿qué tenemos que hacer para disminuir las defunciones por esas otras enfermedades?, que representan la pandemia que nos acompaña casi desde siempre.

  • Pero la pandemia ha hecho que algunas sociedades sean más reacias al riesgo de muerte por infecciones respiratorias. En Nueva Zelanda, por ejemplo, los encierros casi eliminaron la incidencia de la influenza y el virus respiratorio sincitial, una causa común de resfriados. Los investigadores ahora están discutiendo si es aceptable volver a los números anteriores de muertes por esos patógenos, o si se deben hacer más esfuerzos para controlarlos”.
  • COVID-19 también presenta riesgos únicos que dificultan las comparaciones con la gripe. Es un virus nuevo que es más letal que la influenza, lo que significa que su propagación incontrolada podría escalar rápidamente a una situación devastadora en los hospitales”.
  • «Las sociedades también tendrán que considerar el impacto del «COVID prolongado», los síntomas continuos que afectan entre el 10% y el 20% de los infectados, dice Alex James, modelador matemático de la Universidad de Canterbury en Christchurch, Nueva Zelanda. Incluso si las muertes son bajas y los hospitales pueden hacer frente, si muchas personas terminan con discapacidades a largo plazo debido al COVID-19, eso sería una señal de que las tasas de infección son demasiado altas”.

En nuestro país, la Caja de Seguro Social inauguró a finales del año pasado la “Clínica Post COVID”, a fin de prestarle servicios integrales a los pacientes que pudieran tener secuelas como consecuencia de la COVID-19. Se espera que esta iniciativa sea replicada en el resto del país. La Clínica Post COVID, permitirá que en un mismo sitio los pacientes puedan tener acceso a médicos generales, médicos familiares, apoyo de medicina interna, psiquiatría y psicología, entre otras especialidades, además de atención en enfermería. ¡Felicitaciones!

Evitando que los hospitales sean desbordados

  • Un factor que rige lo que las naciones considerarán un nivel aceptable de hospitalización y muerte será la capacidad del sistema de salud, incluidas las capacidades de las unidades de cuidados intensivos (UCI). «Si tenemos que posponer las cirugías electivas porque nuestras UCI están llenas de pacientes con COVID-19, esa es una posición muy mala«.
  • Eran Segal, biólogo computacional del Instituto de Ciencias Weizmann en Rehovot, Israel, estima que Israel llega a ese punto cuando se llenan 500 camas de UCI en todo el país. Más allá de ese precipicio, la calidad de la atención médica disminuye rápidamente y aumentan las tasas de mortalidad. Es aconsejable implementar un bloqueo antes de ese punto”.
  • El Reino Unido ha seguido esta regla general durante toda la pandemia. Ha habido tres bloqueos en todo el país, y cada uno se inició cuando «estaba claro que el número de casos estaba creciendo hasta el punto de que los hospitales no podían hacer frente», dice Graham Medley, modelador de enfermedades infecciosas en la London School of Hygiene & Tropical Medicine, quien asesora al gobierno”.

Por nuestra parte, de acuerdo con el informe de situación de la OPS en el país correspondiente al 4 de mayo: a nivel nacional se tiene una ocupación del 54% de las camas de hospitalización en sala, del 42% de camas de UCI y semi UCI y del 21% de los ventiladores. Los pacientes severos y críticos se distribuyen el 50% (175) en las Instalaciones de Salud de la Caja del Seguro Social (CSS), el 46% (161) en las del Ministerio de Salud y el 5% (16) en los hospitales privados de Panamá (Figura 2). En abril, se tuvo un promedio de 362 ingresos en sala, variando entre 449 y 269 ingresos. En UCI, un promedio de 63 ingresos, con un máximo de 72 y un mínimo de 55. Esto corresponde a una disminución del 46,4% de los pacientes en sala y un 43,2% de los de UCI respecto a los promedios registrados en marzo (675 en sala y 111 en UCI).

  • Sobre la vacunación, el artículo señala que, Israel tiene una de las tasas de vacunación más altas del mundo, con el 60% de su población que ha recibido al menos una dosis, y ofrece una idea de los niveles de referencia de enfermedades graves y muertes en un mundo posterior a la vacunación. El país comenzó a abrir su economía en febrero, cuando alrededor de un tercio de su población había sido completamente vacunada, y el número de hospitalizaciones y muertes ha seguido disminuyendo. En las últimas semanas, se han detectado menos de 100 nuevos casos al día, a pesar de las altas tasas de pruebas; un puñado de personas han ingresado en las UCI todos los días; y han muerto de 2 a 5 personas.

El mismo reporte de la OPS/OMS citado arriba, nos dice que; “en Panamá, desde el 20 de enero hasta el 1 de mayo de 2021, se ha administrado a nivel nacional un total de 639,939 dosis de vacunas, el 70,1% corresponden a primeras dosis (448,735) y el 29.9% a segundas dosis (191,204), y el 54,0% de dosis han sido aplicadas a la población femenina. Además, Según los datos oficiales publicados por Our World in Data, en Panamá registra un 11.9% de dosis administradas por cada 100 personas, ubicándolo como el tercer país de América con más dosis acumuladas después de México, Estados Unidos y Chile; así mismo, es el octavo país a nivel mundial que registra la mayor proporción de población que ha recibido al menos una dosis de la vacuna, con un 11.2%.

Defunciones por COVID-19: Una ecuación de riesgo cambiante

Para finalizar, la publicación de NATURE hace referencia a la ecuación de riesgo sobre las defunciones por COVID-19, la forma en que las personas equilibran los riesgos de infección con los problemas causados ​​por estrictas restricciones, desde que comenzó la pandemia. Y esta ha cambiado para muchos.

  • “Al principio, muchos países compararon el brote con la pandemia de gripe que comenzó en 1918, que mató al menos a 50 millones de personas. El miedo fue realmente intenso». Pero desde entonces, las percepciones han cambiado, ya que la gente ha equilibrado los riesgos de COVID-19 con consideraciones como el aumento del desempleo, dice. Actualmente se sabe que alrededor de 3,2 millones de personas han muerto de COVID-19, y no se espera que la cifra final sea tan alta como en 1918-20”.
  • “Un año agotador ha hecho que algunas personas estén menos dispuestas a adherirse a las restricciones y que los políticos se muestren reacios a imponerlas. Por ejemplo, cuando la variante B.1.1.7 se disparó en partes del medio oeste de los EE. UU. A principios de este año, la transmisión alcanzó niveles que habían provocado restricciones al comienzo de la pandemia, pero la respuesta esta vez fue mucho más silenciosa. “La tolerancia de la gente hoy en día es muy diferente”.
  • “Hace un año, el miedo a un virus desconocido impulsó a los gobiernos a implementar duras restricciones sociales. Desde entonces, los riesgos se han articulado más claramente y la gente ha comenzado a incluirlos en su vida diaria. Esto significa que la gente podría estar más dispuesta que antes a soportar el riesgo de un cierto nivel de hospitalización y muerte, y que el listón para imponer restricciones sociales ahora es más alto. Pero la posición exacta de esa barra aún se desconoce, y podría volver a bajar si las nuevas variantes amenazan los beneficios de las campañas de vacunación”.

Por mi parte, opino que estamos obligados a hacer todo lo que esté en nuestro alcance para evitar las defunciones por COVID-19. Como señalé en un artículo previo, es evidente que estamos en riesgo de un repunte de COVID-19. Aunque el comportamiento actual de la epidemia en nuestro país genere en muchos de nosotros una sensación de calma y tranquilidad, consecuencia de los indicadores de la enfermedad que muestran una clara tendencia hacia la baja; es muy preocupante cuando vemos que, en la mayoría de los países del mundo, en especial en nuestros vecinos inmediatos, la situación es otra.

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