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Epidemia de COVID-19: a la tercera va la vencidaA partir de hoy los panameños comenzaremos a salir en forma progresiva y asimétrica del breve confinamiento de 14 días impuesto para intentar frenar la transmisión de la epidemia de COVID-19 y darle un respiro a nuestra red de establecimientos de salud. No es la primera vez que intentamos salir de una cuarentena, de hecho, es la tercera y, aunque dicen que a “a la tercera va la vencida”, habrá que ver si hemos capitalizado la experiencia y seremos capaces de evitar que la historia se repita, empujándonos por cuarta vez al confinamiento.

Comparto mi artículo publicado hoy en La Estrella de Panamá en el cual reflexiono sobre las lecciones que nos debe haber dejado los confinamientos previos y ofrezco algunas recomendaciones para que este nuevo levantamiento de la cuarentena, tengamos éxito.La vez anterior salimos optimistas, porque el comportamiento de la epidemia de COVID-19 mostraba indicadores positivos y esperanzadores. En mi opinión, no aprovechamos lo suficiente el periodo que duró aquella cuarentena para desarrollar una propuesta fortalecida de comunicación social que sumara de forma efectiva a la comunidad en la lucha contra el virus. Tampoco fortalecimos lo suficiente el proceso de diagnóstico, búsqueda y aislamiento de personas positivas; ni pensamos que nuestros recursos humanos se agotarían y no serían suficientes.

Ocurrió lo que tenía que ocurrir, la población no cumplió con su parte, desoyendo las recomendaciones sobre las medidas de bioseguridad individuales y colectivas, provocando la transmisión descontrolada del virus; tampoco estábamos lo suficientemente preparados para realizar las miles de pruebas diarias necesarias a fin de detectar y aislar efectivamente a todos las personas positivas, efectuar el oportuno rastreo efectivo de todos casos y contactos y menos para atender la avalancha de enfermos que han llevado a nuestros hospitales al borde el colapso.

La situación actual de la epidemia de COVID-19 en el país es conocida y no voy a desarrollarla en esta entrega, baste con subrayar que, al momento del inicio de esta nueva cuarentena, manteníamos un aumento desenfrenado y exponencial de casos y defunciones, y que, nuestros hospitales estaban, ahora sí, al borde del colapso.

En estos meses el gobierno incrementó la capacidad de resolución de los hospitales, en términos de camas disponibles, compra de equipos y contratación de los recursos nacionales e internacionales necesarios. No obstante, lo más importante en mi opinión, ha sido el desarrollo y fortalecimiento progresivo de la hoy conocemos como estrategia de trazabilidad; multiplicando el número de pruebas de laboratorio diarias, así como incrementando el rastreo y aislamiento de casos y contactos. Sin embargo, no han sido suficientes los recursos humanos dedicados a la trazabilidad, y es necesario sumar a la población organizada, comités de salud, y grupos de jóvenes, en la búsqueda de personas positivas y sus contactos. Y, subrayo que, a la hora de planificar el rastreo de contactos hay que tener muy en cuenta a los grupos de alto riesgo, en particular adultos mayores con enfermedades concomitantes, que son quienes están poniendo los enfermos graves y defunciones en esta lucha.

Una vez que se han identificado las personas positivas, el gran reto para controlar la epidemia es garantizar que esos ciudadanos se aíslen por los 14 días. En sus casas, los que tengan las condiciones demostradas, y los demás, en hoteles. Pero si tenemos más de 55,000 casos activos, surge la pregunta: ¿tenemos disponibles 55,000 habitaciones en hoteles? No sé si existan en el país, pero será importante asegurarles a los hoteles el pago suficiente por la recepción de las personas, así como la adecuada atención de éstas una vez admitidas. Así mismo es preciso brindar el apoyo financiero suficiente (y la comida) por parte del gobierno y las empresas, para todos aquellos que lo necesiten, ya sea porque estén positivos y aislados, o porque estén en cuarentena y no puedan salir a la calle.

De acuerdo con los expertos, este factor del “no-aislamiento”, es el que más ha contribuido a la difusión de la epidemia de COVID-19. No han sido pocos los casos de personas que sintiéndose sintomáticas, se hicieron el hisopado, pero, tan pronto salían se iban de compra o de vista. También es conocido el hecho real del largo periodo de tiempo entre hisopado y resultado y por falta de control digital en ese tiempo salían de sus residencias. ¡Y qué decir del irreal aislamiento de las áreas populares de dónde ¡en un año no ha salido el virus!

Pero ese esfuerzo institucional no es suficiente, muchas personas no están cumpliendo con su parte, desafiando al virus en aglomeraciones de todo tipo, sin guardar las medidas de seguridad que conocen todos en el país. Ese es y ha sido nuestro talón de Aquiles, la escasa participación y disciplina de la población, que es, a fin de cuentas, la que produce los casos. La población es un mero espectador crítico, contrario a su participación en las grandes campañas contra el dengue donde participaban activamente hasta “niños caza mosquitos” por poner un ejemplo.

Necesitamos formular una nueva estrategia de comunicación social, que proporcione información clara, basada en evidencia, complementando la vocería institucional con la incorporación de artistas y personajes de reconocida credibilidad. Este nuevo conocimiento, debe aumentar la disposición de las personas a tomarse en serio la epidemia, y actuar en consecuencia. Si las personas siguen incumpliendo, no habrá capacidad institucional para contener la epidemia.

Hoy salimos de esta tercera cuarentena que implementamos para controlar la epidemia de COVID-19 en el territorio. Los indicadores de la última semana muestran la mejoría necesaria para intentarlo, manteniendo el equilibrio entre la salud, lo social y la economía. Ojalá y hayamos capitalizado la experiencia, pues ahora enfrentaremos una versión más contagiosa del coronavirus, y, es probable que, la escasez mundial de vacunas, producto del monopolio de las mismas por parte de las grandes potencias, impida que alcancemos en el corto plazo, el porcentaje de inmunidad colectiva necesario para frenar la transmisión. Estamos pues obligados a duplicar las medidas preventivas que conocemos, cumpliendo cada uno con su parte, para que, esta vez sea la vencida, y logremos mantener el control. De nosotros depende panameños.

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