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Desafíos del sistema público de salud para el 2021Hace exactamente un año manifesté que, el desafío de nuestro sistema público era garantizar a todos los panameños en todo el territorio nacional, la atención integral que responda a nuestras necesidades en todos los niveles, en forma oportuna y gratuita, con calidad y calidez, a la vez que se promueve y facilita nuestra participación y compromiso en el cuidado de nuestra salud, para que ningún panameño fallezca porque el sistema no fue capaz de prevenir su enfermedad, promover su salud y atenderlo como necesitaba.

En ese momento nadie imaginaba que unos meses después enfrentaríamos una pandemia de COVID-19, la cual ha causado millones de enfermos y muertes en el mundo, afectando severamente las economías de todos los países, que han necesitado desviar buena parte de sus recursos para el financiamiento de las actividades para contener el virus y salvar vidas. Panamá no escapó a ese panorama devastador y hasta el día de ayer reportábamos más de 250,000 enfermos y cerca de 4,200 defunciones, amén de un severa crisis económica que amenaza con agravarse ante el inicio hoy de una nueva cuarentena para intentar frenar el avance de la enfermedad.

Como señalé en mi artículo de La Estrella de Panamá, los principales desafíos del sistema público de salud siendo los mismos. Solo que agravados hoy por el agotamiento de todos los componentes del sistema y la necesidad de mantener como prioridad la lucha contra la epidemia, en especial la garantía de compra y distribución oportuna y expedita de la vacuna contra el virus. Démosles un vistazo a esos desafíos, teniendo presente que, el presupuesto aprobado para el Minsa y la CSS en el 2021 supera los 8,000 millones de balboas. Subrayo además que, de acuerdo con los expertos, para contar con los recursos financieros que se necesitarán, el gobierno deberá ejecutar con suma transparencia, medidas de reactivación económica, a la vez que implementa un plan para la contención del gasto público.

Para comenzar, el gran desafío sigue siendo avanzar en la transformación pendiente, garantizando la coordinación y ojala integración entre nuestras dos instituciones públicas.  Es harto reconocido que, la segmentación y fragmentación de nuestro sistema de salud, es causa de ineficiencia y fue terreno fértil para la propagación del feroz virus causante de la COVID-19. También es conocido que el modelo de salud que prevalece en el país desde hace por lo menos un cuarto de siglo, ha priorizado la construcción de costosas edificaciones para tratar enfermos, abandonándose la Atención Primaria de Salud, ya no digamos el abordaje intersectorial de los determinantes sociales y ambientales de la salud, en el marco de la APS.

Pero no basta con subsanar la fragmentación existente y expresar en un discurso la necesidad de un nuevo modelo de atención. La transformación debe iniciar con el fortalecimiento de la capacidad de resolución de las redes de servicios de salud de ambas instituciones. Ahora es más importante que nunca, que nuestros establecimientos públicos de salud estén debidamente construidos, tengan los equipos, materiales y medicamentos apropiados y suficientes, adquiridos de forma transparente, para que nuestra población no se quede sin recibir la atención que necesita, y, lógicamente, que el nuevo modelo de atención guíe la práctica cotidiana.

Especial esfuerzo deberá hacerse para la contratación y distribución, con equidad y eficacia, de los recursos humanos que necesitamos. Estos deben ser profesionales con las competencias necesarias para la gestión de las redes, y el desarrollo del nuevo modelo de atención, sensibles y solidarios con el usuario en todos los hospitales y centros de salud. Sobre este punto, debo subrayar que poseemos recursos humanos en cantidad suficiente, pero los mismos están concentrados en las capitales de las principales provincias, en perjuicio claro de nuestras comarcas y provincias más pobres.

No menos importante será el fortalecimiento de la rectoría del Minsa, cuya debilidad para el ejercicio pleno de las llamadas funciones esenciales de salud pública, ha sido evidente en este año de pandemia.  La Rectoría es condición indispensable para avanzar en los procesos de coordinación efectiva y sostenible de los servicios integrales de salud de las dos instituciones, para el diseño conjunto de intervenciones intersectoriales para abordar los determinantes de la salud y, por ende, para el desarrollo de las actividades que han probado ser efectivas y necesarias para contener la epidemia. Igualmente debo subrayar la urgencia de una base de datos que muestre la realidad por cada corregimiento, evitando utilizar promedios que distorsionan elaborar una planificación local precisa de lo que se requiere en recursos humanos, tipos de infraestructura, provisión de equipos e insumos con el empleo de una fuerte transparencia.

Finalmente, las autoridades deberán renovar y fortalecer la estrategia de comunicación social que favorezca la participación real de la población en el diseño, implementación y seguimiento de la propuesta de transformación del sistema de salud, y ahora, de las iniciativas para enfrentar con éxito la epidemia.

 

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