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Inmunidad de rebañoA pesar del sostenido aumento diario de casos y defunciones por COVID-19 reportados en el    territorio nacional, muchos panameños, principalmente los jóvenes en edad productiva, no aplican las medidas de salud necesarias dentro de las comunidades como el distanciamiento social, evitar multitudes, y usar mascarillas, porque creen que el problema no existe, o porque consideran que se trata de una enfermedad leve que solo se va a controlar cuando todos la hayamos adquirido y superado, creando lo que llaman inmunidad de rebaño, o inmunidad de grupo.

En ese contexto, le pregunto a mis conciudadanos que no aplican las medidas de bioseguridad que todos conocemos: ¿van a permanecer indiferentes ante este escenario de sufrimiento nacional?, o ¿se van a sumar para proteger a los más vulnerables y romper las cadenas de transmisión y controlar esta epidemia?, y comparto mis reflexiones publicadas hoy en La estrella de Panamá.

Inmunidad de rebaño: ¿cuál es la población que más se contagia?

De acuerdo con el informe 42 de la OPS Panamá, el grupo de 18 a 59 años presenta un aumento 23% de los casos en la SE 48 con respecto a la anterior y del 110.5% comparando el número de casos de la SE 45 con relación a los ocurridos en la SE 48 (28 de noviembre). En segundo lugar, los menores de 18 años muestran aumento del 21.3% de los casos en la SE 48 con relación a la SE 47 y del 80.5% al comparar los casos de la SE 45 con los informados en la SE 48. Los casos en los mayores de 60 años aumentaron en la última semana un 12% con respecto a la semana anterior y el 86% en comparación con la SE 45.

El incremento de las infecciones está ocurriendo a expensas de los grupos de edad más joven, quienes estarían impulsando el avance en la transmisión activa comunitaria de la epidemia por tener una mayor exposición al virus, al ser la franja donde se concentra la población trabajadora y con mayor interacción social en este momento de vuelta a la normalidad.

Inmunidad de rebaño casos por edad

Distribución de las defunciones por edad y sexo

La siguiente gráfica, extraída del mismo informe de OPS, muestra la distribución de los fallecidos por grupos de edad y sexo. El grupo de 80 años y más tienen la proporción más elevada con el 20.1%, le sigue el grupo de 70 y 79 que aporta el 11.4%, los de 60 a 69 años el 5.7% y los de 50 a 59 años el 2.0%. La letalidad por COVID-19 en menores de 49 años está entre el 0.1 y 0.7%.

Según sexo, hay una mayor proporción de muertes se presentan en la población masculina en todos los grupos de edad. Los hombres tienen una letalidad general del 2.2%, es decir, que se mueren en una proporción 0.8% mayor que las mujeres (1.4%), diferencias que se hacen más evidentes en el grupo de 80 y más años, donde la letalidad masculina es de 23.1%, indicando que los hombres que contraen la COVID-19 mueren en un porcentaje 6.0% mayor con respecto a las mujeres de este grupo (letalidad femenina 17.1%); los hombres de 70 a 79 años, de 60 a 69 años y de 50 a 59 fallecen en una proporción de 5.4%, 2.5% y 1.2% más, frente a las mujeres de los respectivos grupos de edad.

Reflexión obligada

Ese porcentaje de panameños, que algunos estiman en 15%, y parece que le apuestan a la inmunidad de rebaño, se juntan, celebran se contagian, y son los principales responsables por la transmisión de la enfermedad a sus amistades y familiares, en especial las personas mayores que viven con ellos. Parece que no hubieran tomado conciencia de que esta epidemia causa todas las semanas cerca de 10,000 enfermos y 100 fallecidos, y si mantenemos este irresponsable y descontrolado ritmo, terminaremos el año con cerca de 250,000 casos acumulados y 3,500 fallecimientos por esta enfermedad; con graves secuelas en la salud física y mental de los afectados; así como en la salud emocional, psicológica, social y económica de sus familiares y de toda la población.

No podemos pensar que la única manera de combatir este coronavirus es a través de la inmunidad de rebaño, dejando que la población, especialmente los jóvenes, se infecte de manera natural, y actúe como una especie de barrera contra la transmisión. Los jóvenes también se enferman, sufren la enfermedad grave, pueden fallecer y quedar con secuelas. Además, esta inmunidad de rebaño es “una falacia sin evidencia científica”, como subrayó hace poco un grupo de 80 investigadores en una carta abierta de la publicación científica The Lancet. En ella, los científicos advertían de que la ausencia de medidas de control aumentaría significativamente la mortalidad en toda la población, afectaría toda la economía y prolongará todavía más la epidemia, además de colapsar los sistemas sanitarios. Según algunos cálculos científicos, la inmunidad de rebaño ocasionaría unos 77 millones de muertos, equivalente al 1% de la población, de los cuales 40,000 podrían ser panameños, distribuidos entre los siguientes grupos de edad.

Por su parte el director de la OMS, manifestó recientemente que, la inmunidad de rebaño contra la COVID-19, adquirida naturalmente, es «científica y éticamente problemática». Se trata de un concepto utilizado para la vacunación, de conformidad con el cual una población puede ser protegida de cierto virus si se alcanza un umbral de vacunación. Por ejemplo, agregó, la inmunidad de rebaño contra el sarampión requiere que cerca del 95% de la población haya sido vacunada. El cinco por ciento restante será protegido por el hecho de que el sarampión no se propaga entre quienes están vacunados. Lo lógico entonces, es cuidarnos todos, mientras dispongamos de una vacuna efectiva contra el del coronavirus SARS-CoV-2. ¿No les parece?

Como si fuera poco, el director agregó que, el mundo todavía no sabe lo suficiente sobre la inmunidad a la COVID-19, incluyendo cuán fuerte o duradera será la respuesta inmunológica, o cómo difiere entre distintas personas, por no mencionar algunos casos de personas que se han contagiado por segunda ocasión. Además, la enorme mayoría de personas en la mayoría de los países siguen siendo susceptibles al virus, lo que significa que permitir que el virus circule sin control podría causar contagios, sufrimiento y muertes innecesarios. Por otra parte, el mundo apenas empieza a entender los efectos de largo plazo para la salud entre las personas con COVID-19. Y sencillamente es poco ético permitir que un virus peligroso que no es entendido por completo circule libremente, dijo.

Conclusión: ¡la inmunidad de rebaño no es el camino!

Finalmente, en el caso de SARS-CoV-2, se ha estimado que la inmunidad de rebaño corresponde a un 70-75% de la población, y en Panamá es probable que no lleguemos ni al 10%, lo que la hace inviable, y hasta inhumano pensar que lograremos frenar la epidemia, promoviendo los contagios. No va a funcionar. Solo va a ocasionar más enfermedad, muertes y pérdidas económicas.

Lo que tenemos que hacer es redoblar el cumplimiento de las medidas ya implementadas y que han demostrado ser eficaces para controlar la transmisión y salvar vidas, como evitar las reuniones multitudinarias, las fiestas, los parqueos; proteger a los vulnerables, nuestros hermanos, padres, abuelos; empoderar, educar y comprometer a las comunidades, además de encontrar, aislar, realizar pruebas y atender los casos y rastrear y poner en cuarentena a sus contactos.

 

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