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Estrategia nacional de lucha contra el COVID-19Luego de más de ocho meses de pandemia de COVID-19, la cual ha causado más de 49.7 millones de casos notificados y más de 1.2 millones de muertes en todo el mundo desde el inicio; de los cuales cerca de 145 mil enfermos y más de 2,800 defunciones corresponden al territorio nacional, los panameños, al igual que todos los terrícolas, queremos regresar a la normalidad, dejando atrás esta lucha, y nos preguntamos angustiados ¿cuándo terminará esta epidemia? Para darle respuesta a esa vital pregunta, un grupo de investigadores de la consultora estratégica global McKinsey & Company, proponen dos definiciones importantes de «fin de la pandemia», cada una con una línea de tiempo separada.

En ese contexto, comparto con ustedes el contenido de mi columna en La Estrella de Panamá, en la cual desarrollé una traducción libre de la importante publicación de McKinsey, y los invito a la lectura del documento original. Considero que su contenido tiene gran relevancia para nosotros.

Pandemia de COVID-19: punto final epidemiológico

Los autores se refieren en primera instancia al llamado punto final epidemiológico para la pandemia de COVID-19, el cual ocurre cuando se logra la inmunidad colectiva. Es decir, cuando la proporción de la sociedad inmune al COVID-19 sea suficiente para prevenir la transmisión generalizada y continua. Para que eso ocurra muchos países esperan que una vacuna haga la mayor parte del trabajo necesario para lograr la inmunidad colectiva. Agregan que, cuando se alcance ese punto, en el cual todos seamos inmunes, las intervenciones de emergencia de salud pública implementadas este año, ya no serán necesarias. Si bien es posible que se necesiten revacunaciones regulares, tal vez similares a las vacunas anuales contra la gripe, la amenaza de transmisión generalizada desaparecerá gradualmente.

El momento del punto final variará según el país y se verá afectado por una serie de factores, siendo el más importante de ellos, la llegada, la eficacia y la adopción de las vacunas COVID-19, los principales impulsores en el cronograma de la inmunidad colectiva. En ese sentido, refiriéndose a USA y los países desarrollados, los autores consideran que la distribución de la vacuna a una porción suficiente de la población para inducir la inmunidad colectiva podría tener lugar en tan solo seis meses y estiman que el momento más probable para que se logre la inmunidad colectiva es el tercer o cuarto trimestre de 2021.

No obstante, para que eso funcione para todos, se necesitará de, por lo menos, las siguientes condiciones: una rápida disponibilidad de cientos de millones de dosis; garantía de almacenamiento y transporte de la cadena de frío de las vacunas de la COVID-19; solidaridad de las empresas farmacéuticas para no anteponer las ganancias a los derechos de las personas a la vida y la salud; evitar el acaparamiento de las vacunas por países específicos y; la no menos importante, voluntad de las personas de vacunarse durante la primera mitad de 2021. Sin embargo, el final epidemiológico de la pandemia podría no llegar hasta 2022 o más tarde si las primeras vacunas candidatas tienen problemas de eficacia o seguridad, o si su distribución y adopción son lentas.

Transición a una nueva forma de normalidad

Además de este punto final epidemiológico, los expertos señalan que, una transición a una nueva forma de normalidad, es un segundo final para la pandemia de COVID-19, subrayando que probablemente ocurra más temprano en el 2021, cuando casi todos los aspectos de la vida social y económica puedan reanudarse sin temor a la mortalidad por COVID-19, o de las consecuencias para la salud a largo plazo relacionadas a la enfermedad.

El proceso para llegar a esta nueva normalidad, estará habilitado, por los menos, por las siguientes condiciones: la disciplina ciudadana para cumplir con las medidas de seguridad individual y colectivas que conocemos; el mejoramiento continuo en la aplicación de intervenciones de salud pública, como pruebas, rastreo, aislamiento de casos y cuarentena de contactos, las cuales no limitan significativamente las actividades económicas y sociales; la vacunación de las poblaciones de mayor riesgo; avances continuos en la terapéutica, incluidos los profilácticos previos y posteriores a la exposición, y el manejo clínico de COVID-19, que conducen a una menor proporción de infección y mortalidad.

Los dos extremos están relacionados, por supuesto, pero no linealmente. Al final, la transición a la siguiente normalidad, en cualquier forma que adopte, dependerá del progreso hacia la inmunidad colectiva, dado que más personas con inmunidad significa menos muertes y menos consecuencias para la salud a largo plazo; y de la efectividad de la respuesta de salud pública de un país. Las transiciones serán graduales. Ya han comenzado en algunos lugares y podrían estar muy avanzados en la mayoría de los países para el primer o segundo trimestre de 2021. Dada la interconexión de la economía mundial, los plazos de los países hacia la normalidad no son completamente independientes entre sí.

Conclusión

Por nuestra parte, considero que los panameños estamos en el camino de controlar la pandemia de COVID-19 en el país. Hemos asignado los recursos financieros necesarios para incorporarnos en la carrera por acceder a una vacuna cuando esté disponible; así como para el fortalecimiento de la respuesta institucional para garantizar el desarrollo de las medidas de salud pública necesarias. Por otro lado, la mayoría de la población está cumpliendo con sus responsabilidades ciudadanas. A pesar de ello es evidente que no logramos aún controlar la epidemia y, de hecho, enfrentamos un repunte de casos. De nosotros dependerá ponerle fecha de fin a esta epidemia, cumplamos cada uno con nuestra parte.

 

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