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vacuna contra el COVID-19Recientemente los medios internacionales y nacionales nos han traído la buena noticia de que, gracias al esfuerzo colectivo de países, organizaciones y empresas; se han logrado avances en la producción de la vacuna contra el COVID-19. Hay resultados alentadores en diferentes ensayos, y estamos cada vez más cerca de una vacuna para prevenir la enfermedad. De hecho, la vacuna que está desarrollando la Universidad de Oxford, en Reino Unido, generó grandes expectativas al inicio de esta semana, tras mostrar que es segura y capaz de provocar una respuesta inmune en la fase de pruebas. Estos resultados, respaldan la evaluación a gran escala de esta vacuna candidata en un programa en fase III en curso. Es una bocanada de esperanzas y optimismo en medio de la angustia que nos genera este feroz enemigo que ha cobrado más de medio millón de vidas en el planeta.

Pero lo más probable es que la vacuna estará disponible para inicios o mediados del año próximo, pues todavía hace falta probar la vacuna más adelantada, en grupos más grandes de población. Y una vez que se obtenga una vacuna efectiva y sin efectos colaterales, las empresas deberán ser capaces de fabricarla a gran escala y, tan importante será que, los organismos internacionales, garanticen que esté disponible para todo el mundo.

Ya la OMS ha creado un mecanismo acelerador de vacunas, del cual por cierto Panamá forma parte. Pero la realidad es que difícilmente se podrá dar la vacuna a todos en el mundo. Según la OMS, “tendremos que priorizar quién tiene qué vacuna al principio, según la que esté disponible. Y tendremos que diseñar políticas y prioridades para el mejor uso de esas vacunas”. Aun así, en mi opinión, lo más posible es que los primeros en beneficiarse sean los países donde están las empresas que producen el biológico.

Mientras llega la vacuna contra el COVID-19

En ese contexto, manifesté hoy en mi columna de opinión en La Estrella de Panamá que, debemos celebrar con alegría el logro colectivo, pero no dejemos que el entusiasmo nos distraiga de mantenernos, aquí y ahora, enfocados en contener el desbordamiento de casos y defunciones que nos afecta. Como señala la OMS, “son buenas noticias, pero incluso sin ellas se pueden salvar vidas, vencer al virus y detener la pandemia”.

Mientras llega la vacuna contra el COVID-19, estamos obligados a fortalecer nuestra capacidad de reaccionar de la mejor manera ante el crecimiento exponencial de casos y defunciones que presentamos desde hace casi dos meses. Como afirma el director de la OMS, “la meta debe ser llegar a una situación sostenible en la que tengamos un control adecuado de este virus sin cerrar nuestras vidas por completo, ni darnos vueltas de un encierro a otro; que tiene un impacto enormemente perjudicial en las sociedades”.

Pero, en el futuro inmediato no habrá retorno a la «vieja normalidad». Y mejor que así sea, porque ese comportamiento previo, basado en la autosatisfacción sin límite de nuestros egoístas deseos, sin considerar a los demás, y menos aún, a la naturaleza; es lo que nos ha colocado en esta realidad. No obstante, mientras llegue la vacuna, hay una hoja de ruta hacia una situación en la que podemos controlar la enfermedad y continuar con nuestras vidas.

Esa hoja de ruta requiere, según el organismo rector de la salud internacional, de tres cosas igualmente indispensables: una estrategia para reducir la mortalidad y suprimir la transmisión; una comunidad empoderada y comprometida que toma medidas de comportamiento individual en interés de los demás y; un liderazgo gubernamental fuerte y la coordinación de estrategias integrales que se comuniquen de manera clara y consistente.

¿Y cómo estamos en esos tres aspectos? Estoy seguro de que abundan los argumentos a favor y en contra del desempeño del gobierno y de la sociedad. Y, probablemente, a cada grupo le asistirá parte de la razón, pues, cuando este virus llegó, nadie en el planeta sabía cómo enfrentarlo. Por eso, y por razones políticas, sociales, económicas y culturales; se cometieron errores al inicio, y se siguen cometiendo, pues no somos perfectos.

Lo importante es que ahora, mientras llega la vacuna contra el COVID-19, capitalicemos la experiencia y nos enfoquemos con transparencia y un renovado compromiso en lo que le toca a cada uno para lograr una transición controlada y deliberada desde la situación de transmisión comunitaria que presentamos, hacia un estado estable de bajo nivel de transmisión o de ausencia de transmisión. Especial relevancia tendrá fortalecer el liderazgo y la comunicación para garantizar que las comunidades estén totalmente comprometidas y comprendan que esa transición entraña un cambio importante, desde la detección y tratamiento solo de los casos graves a la detección y aislamiento de todos los casos, que las medidas conductuales de prevención deben mantenerse y que todas las personas desempeñan un papel clave en la habilitación y, en algunos casos, la implantación de nuevas medidas de control.

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