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Producción local de medicamentos en Panamá: ¡debe ser una prioridad!Promover la producción local de medicamentos debe ser una prioridad de nuestras autoridades, para ayudar a rebajar el precio de las medicinas en las farmacias. Se supone que, si son hechas aquí, ya sea por la CSS o el MINSA, o incluso por la empresa privada, éstas serían más baratas que si las tenemos que traer importadas.

El éxito de esta producción local de medicamentos depende directamente de la aplicación de Buenas Prácticas de Manufactura (BPM), a fin de certificar que todos los productos satisfacen los requerimientos de identidad, concentración, seguridad y eficacia que garantiza que el medicamento cumple su finalidad de salvar vidas y restaurar la salud de los pacientes que lo utilizan. No menos importante será la regulación efectiva de los precios finales, a fin de evitar la especulación por parte de los productores locales, y resulten nuestros genéricos más caros que los medicamentos importados de marca.

Para complementar este planteamiento, comparto dos opiniones publicadas en nuestros medios, actualizo con la opinión de un experto internacional, y complemento con las recomendaciones que nos hace la Organización Mundial de la Salud para desarrollar y aplicar una política farmacéutica nacional. Veamos…

Sobre la necesidad de promover la producción local de medicamentos, se ha pronunciado recientemente el Editorial de La Estrella de Panamá. De acuerdo con el prestigioso diario, “para la sociedad panameña, la aprobación de la nueva Ley de Medicamentos no será suficiente para bajar los precios de los medicamentos”, agregando que, “mientras no se tomen medidas correctivas, el país seguirá a merced de la industria farmacéutica con el apoyo de sus socios locales”. En ese sentido. “propone que la Caja de Seguro Social, aprovechando que tiene una nueva administración, retome producción local de medicamentos como lo hacía en el pasado”. Recalca igualmente, la necesidad de establecer estrictos controles y un protocolo de acciones que eviten las complicaciones y muertes por el consumo de medicamentos de mala calidad…

Sobre el mismo asunto, el Dr. Eduardo Reyes, exviceministro de salud, afirma en otra publicación reciente, que “una de las penurias que sufren la gran mayoría de nuestros pacientes, sobre todo los pobres y ya también los de clase media, es la falta de medicamentos que deben ser proporcionados por nuestras instituciones públicas de salud”. En ese sentido propone incentivar la producción local de medicamentos, y manifiesta que “Panamá podría ser un centro importante de fabricación Centroamericana de medicamentos por las muchas condiciones que favorecen a este istmo y algunas a establecer que nos hagan más competitivos”.

Por su parte, el Dr. José Villacís, experto internacional, nos ofrece como complemento la experiencia de Ecuador en este asunto. Señala que el hermano país, “la oferta de fármacos tiene una descomunal orientación mercantilista. Los patrones de consumo no corresponden al perfil epidemiológico del país. La falta de medicamentos esenciales en la red pública supera el 50% y el 12% del Cuadro Nacional de Medicamentos Básicos, no cuenta con proveedores”.

“En este escenario, se creó en el 2009 la Empresa Pública de Fármacos (Enfarma EP), adscrita al proyecto Yachay Tech. Fue cerrada en 2016, liquidada en 2017 (con intervención de CGE) y rematada en 2019 (con deudas incobrables). Con una inversión de 200 millones se proponía un ahorro de 48 millones anuales produciendo 46 medicamentos para la RPIS. Subraya que, fracasó por graves anomalías administrativas, falta de visión estratégica y debilidad de la Rectoría, que cedió a las presiones de las farmacéuticas nacionales y transnacionales. No cumplió como intermediaria comercial, ni como productora directa”.

De acuerdo con Villacís, “el cambio de la matriz productiva de fármacos no consideró el poder de las empresas farmacéuticas para interferir y capturar la política pública. Para contrarrestar esa nefasta influencia corporativa debe incorporarse el control ciudadano efectivo (consejos locales de salud) y de la academia autónoma, además de políticas enérgicas en desarrollo e innovación con una robusta presencia estatal en oferta (soberanía farmacéutica) y regulación, y una nítida estrategia de relación con el productor privado”. Aprendamos pues de esa experiencia.

Finalmente, la OMS en su publicación “Cómo desarrollar y aplicar una política farmacéutica nacional – Segunda edición”, señala lo siguiente:

  • las decisiones políticas sobre si importar medicamentos esenciales de compañías acreditadas o promover la producción local de medicamentos, y en el segundo caso a qué nivel (¿público o privado?), se deben basar en un análisis de situación pormenorizado y una valoración realista de la viabilidad de la producción en el país. A la hora de formular una política, el objetivo más importante debería ser la obtención de medicamentos esenciales de calidad para las personas que los necesitan, a precios asequibles para ellas y para el país”.
  • La producción de medicamentos se puede clasificar en tres niveles. La producción primaria comprende la fabricación de ingredientes farmacéuticos activos y productos intermedios; la producción secundaria comprende la fabricación de formas farmacéuticas acabadas a partir de excipientes y sustancias activas, y la producción terciaria se limita al embalaje de productos acabados o el reembalaje de productos acabados a granel”.

¿Fabricar o comprar?

  • Muchos gobiernos están interesados por razones políticas en desarrollar o mantener la capacidad manufacturera local y acrecentar el autoabastecimiento. Puede haber una mezcla compleja de argumentos sanitarios y económicos que considerar. Un gobierno puede aspirar a suministrar un abastecimiento continuo de medicamentos de bajo costo para los programas de salud pública orientados al control de enfermedades a través de la producción estatal de medicamentos en lugar de la adquisición dentro o fuera del país. Algunos gobiernos consideran que las plantas de fabricación de medicamentos pueden contribuir a reducir las necesidades de divisas, suministrar empleo, mejorar la balanza comercial y la viabilidad de las plantas a través de la exportación de medicamentos, y contribuir al desarrollo industrial y la transferencia de tecnología”.
  • La realidad, sin embargo, es que no se deben subestimar las dificultades de establecer, o incluso mantener, una industria viable y competitiva. Toda decisión sobre si un gobierno debe intervenir en la producción farmacéutica, y en caso afirmativo a qué nivel, se debería basar en un análisis de situación exhaustivo que determine la viabilidad de cada una de las propuestas. Se debe prestar particular atención a los costos reales (incluida la necesidad de personal técnico y comercial altamente calificado, equipo de importación, repuestos y materias primas), así como a la calidad y los precios con los que los medicamentos de producción local competirán en el mercado”.

Producción local de medicamentos en Panamá: Conclusión

De acuerdo con la OMS, “en general, es mejor dejar la producción de medicamentos y vacunas al sector privado. La función del gobierno debería apartarse de la propiedad o gestión de plantas de producción farmacéutica y orientarse a la regulación e inspección de la producción de medicamentos por el sector privado. El gobierno puede fomentar la calidad de los medicamentos de producción local, y fortalecer de ese modo la capacidad industrial, facilitando la formación en buenas prácticas de fabricación (BPF)”.

Yo opino que podemos hacer las dos cosas: producir los medicamentos esenciales para los asegurados en la CSS, que ya posee las instalaciones y los recursos humanos y; promover el fortalecimiento de la capacidad privada para la producción de medicamentos. En este caso podemos considerar las asociaciones público-privadas, cuando sea necesario para el beneficio de la población

Será condición indispensable en ambos casos, la vigilancia y regulación efectiva, que garantice las buenas prácticas de fabricación y nos proteja de la especulación.

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