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Vivienda y saludLa OMS publicó recientemente sus primeras directrices para vincular vivienda y salud el (original en inglés). La guía proporciona la mejor evidencia para seis temas prioritarios: hacinamiento, bajas temperaturas interiores, aislamiento, altas temperaturas interiores, lesiones por lesiones, y accesibilidad a la vivienda.

Por su parte, de acuerdo con la prestigiosa revista The Lancet, estas pautas muestran que el impacto de la vivienda deficiente en la salud es un asunto de preocupación internacional. “A medida que la población mundial crece y envejece y se sienten los efectos del cambio climático, por lo que diseñar intervenciones intersectoriales que aborden la vivienda deficiente será crucial si queremos alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible para la salud (ODS 3) y las ciudades sostenibles (ODS 11)”. Y afirman con mucho tino, que “la salud debe seguir siendo una consideración central para satisfacer las futuras necesidades mundiales de vivienda”.

En ese contexto consideré obligatorio para las futuras autoridades, la empresa privada y la sociedad, la lectura completa de la publicación, la cual, debe ser un referente obligado para la planificación de las intervenciones y obras que satisfagan necesidades nacionales de vivienda y salud. Por mi parte comparto en esta entrega una traducción libre de los elementos centrales del documento, con algunos comentarios de nuestra realidad.

Vivienda y salud: un vistazo general

 “Las mejores condiciones de vivienda pueden salvar vidas, prevenir enfermedades, aumentar la calidad de vida, reducir la pobreza, ayudar a mitigar el cambio climático y contribuir al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), incluidos los que abordan la salud (ODS 3) y las ciudades sostenibles (ODS 11).). La vivienda es cada vez más importante para la salud debido a los cambios demográficos y climáticos. Se espera que la población urbana del mundo se duplique para 2050 y requerirá soluciones de vivienda. La población mundial de más de 60 años, que tiende a pasar más tiempo en casa, también se duplicará para 2050. Los cambios en los patrones climáticos, asociados con el cambio climático, subrayan la importancia de que las viviendas brinden protección contra el frío, el calor y otros fenómenos meteorológicos extremos para promover comunidades resilientes”.

En nuestro caso, De acuerdo a la publicación del INEC “Panamá en cifras 2015”, la población de 65 y más años de edad representó el 12% del total en el 2017 y va en aumento, con un ligero predominio de las abuelas (53%) sobre los abuelos (47%). La misma publicación estima que cada cinco años la población de personas mayores de 60 años aumenta en un 15%, y que para 2050 el país contará con casi 1.5 millones de ciudadanos mayores de 60 años. ¡El 24% de la población total!

vivienda y salud: cuidemos a nuestros abuelos

La relación entre vivienda y salud es evidente al analizar las deficiencias estructurales. “Estas aumentan las probabilidades de que las personas se resbalen o caigan, lo que aumenta el riesgo de lesiones. La mala accesibilidad a su casa pone a las personas discapacitadas y de edad avanzada en riesgo de lesiones, estrés y aislamiento. La vivienda que es insegura, a veces debido a problemas de asequibilidad o seguridad de tenencia débil, es estresante. Las viviendas que son difíciles o costosas de calentar contribuyen a los malos resultados respiratorios y cardiovasculares, mientras que las altas temperaturas interiores pueden causar enfermedades relacionadas con el calor y aumentar la mortalidad cardiovascular”.

Sobre las caídas, las Estadísticas Vitales del INEC, informan que entre 2012 y 2016 un total de 567 personas fallecieron en el territorio nacional producto de una caída. La mayoría de ellas fueron mayores de 60 años, aunque un 5% correspondió a menores de 10 años, y el 74% fueron hombres. Llama la atención que durante 2016 fallecieron 62 personas, lo que representa una disminución del 50% respecto del promedio de los años anteriores e influye de forma importante en la tendencia negativa que ilustra la siguiente gráfica. Hago votos porque la información corresponda a la realidad y estemos cuidando de mejor manera a nuestros ancianos.

Así mismo, la relación entre vivienda y salud es muy clara cuando examinamos la contaminación del aire interior, “la cual está conectada a una amplia gama de resultados de enfermedades no transmisibles, perjudica la salud cardiovascular y respiratoria, y puede desencadenar reacciones alérgicas e irritantes, como el asma. Las viviendas abarrotadas aumentan el riesgo de exposición a enfermedades infecciosas. El suministro inadecuado de agua y las instalaciones de saneamiento afectan la inocuidad de los alimentos y la higiene personal, y por lo tanto conducen al desarrollo de enfermedades contagiosas”.

Como nos informa la Contraloría General de la República de Panamá, cada año fallece en el territorio cerca de 11,000 personas por enfermedades circulatorias, tumores, diabetes mellitus y enfermedades respiratorias. Estas enfermedades crónicas no transmisibles están relacionadas en forma directa con estilos de vida asociados a factores de riesgo para la salud y la vida, y con la insuficiente capacidad de nuestro sistema público de salud para la promoción de la salud, prevención y tratamiento oportuno y apropiado. Muchas de estas muertes pudieron evitarse o postergarse, evitando los factores de peligro asociadas a ellas. Y no perdamos de vista el impacto socioeconómico de las ENT. De hecho, de acuerdo a declaraciones de las autoridades nacionales, el tratamiento de las personas con ENT le cuesta al país alrededor del 3.5% de nuestro PIB, lo que equivaldría a cerca de 3,000 millones de balboas cada año.

Por otro lado, diferentes artículos de opinión nos informan que, en Panamá, el problema de calidad del aire se concentra principalmente en el área metropolitana donde la principal fuente de contaminación son los vehículos automotores. Éstos generan el 78 % de los hidrocarburos y el 98% del monóxido de carbono que llega al aire. Adicionalmente, tenemos unas 1,627 industrias manufactureras, de las cuales 188 (16%) generan emisiones importantes. Aunque no existen estudios epidemiológicos sobre la afectación de la contaminación del aire sobre la salud de los panameños, las enfermedades respiratorias están dentro de las principales causas de morbilidad atendidas en Panamá. Y ese aire contaminado entra a las casas donde viven las personas.

La calidad y el contexto ambiental de la vivienda son algunas de las principales dimensiones de las desigualdades ambientales. Las malas condiciones de la vivienda son uno de los mecanismos a través de los cuales la desigualdad social y ambiental se traduce en desigualdad en la salud, que afecta aún más la calidad de vida y el bienestar”.

El reciente estudio sobre el Índice de Pobreza multidimensional en Panamá identificó la cantidad de personas que se encuentran en una condición de pobreza multidimensional. Los resultados para el año 2017 indicaron que “el porcentaje de personas en condición de pobreza multidimensional se ubicó en 19.1%, lo que representó en términos absolutos 777,752 personas. En cuanto a hogares, se encontraron en condición de pobreza multidimensional el 12.2%, lo equivalente a 138,410 hogares”.

Equidad en salud, desigualdad y pobreza multidimensional

El mismo estudio reveló que “cuatro dimensiones aportan casi en igual medida, alrededor del 20% cada una al IPM, Educación (23.9%), Trabajo (20.9%), Ambiente, entorno y saneamiento (20.7%) y Vivienda y servicios básicos (19.8%). En el caso de salud la misma solamente contribuye a explicar el 14.7%”.

Vivienda y salud: la respuesta de la OMS

En respuesta a lo anterior, las guías de vivienda y salud de la OMS ofrecen recomendaciones prácticas basadas en evidencia reciente, para reducir la carga de salud debido a condiciones de vivienda inseguras y deficientes. Proporcionan pautas relacionadas con el espacio habitable inadecuado (hacinamiento), temperaturas interiores bajas y altas, riesgos de lesiones en el hogar y accesibilidad de la vivienda para personas con discapacidades funcionales. Además, las pautas identifican y resumen las recomendaciones existentes de la OMS relacionadas con la vivienda, con respecto a la calidad del agua, la calidad del aire, el ruido del vecindario, el asbesto, el plomo, el humo de tabaco y el radón.

Las directrices aplican criterios estrictos para evaluar la calidad de la evidencia disponible y su idoneidad para desarrollar recomendaciones. Estas centran su atención en reducir los factores de riesgo, al tiempo que reconocen la importancia de las intervenciones clave. Las directrices tienen como objetivo informar las políticas y regulaciones de vivienda a nivel nacional, regional y local sobre el impacto de la vivienda en la salud. Por lo tanto, el público objetivo principal de las directrices son los responsables de las políticas que son responsables de las políticas y regulaciones relacionadas con la vivienda, las medidas de aplicación y el inicio de la colaboración intersectorial que busca apoyar el enfoque de vivienda y salud (vivienda saludable) desde la perspectiva del gobierno.

Los lineamientos también tienen la intención de ser relevantes en las actividades diarias de los actores implementadores, tales como agencias gubernamentales, arquitectos, constructores, proveedores de vivienda, desarrolladores, ingenieros, planificadores urbanos, reguladores de la industria, instituciones financieras, así como servicios sociales, grupos comunitarios y Profesionales de la salud pública.

Y eso es todo por ahora, recuerden que, en la Representación local de la OPS/OMS, podemos recibir apoyo técnico para la implementación de estas guías y herramientas.

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