Salud y bienestar: reflexiones para la acciónRecientemente participé en un conversatorio sobre salud y bienestar. Los organizadores del evento propusieron que cada uno de los invitados diera su respuesta a las siguientes preguntas: ¿Qué es la salud?, ¿Qué significa vida saludable?, ¿Por qué somos así, descuidados y poco importa?, Sabemos que nos conviene, pero no hacemos nada…, ¿Qué tiempo tardaremos si empezamos el cambio hoy?, ¿Cuál sería tu aporte para mejorar la salud de nuestro país?, ¿Cuál es la solución a nuestro problema de salud? Son preguntas muy complejas que requieren de una profunda reflexión y deben hacernos un llamado a la acción, por lo que comparto con ustedes mis reflexiones sobre las tres primeras preguntas y los invito a tenerlas bien presentes a la hora de escuchar los planes y promesas que nos hagan los candidatos a las elecciones de 2019.

¿Qué es salud y bienestar?

Una respuesta corta sería “no estar enfermo” y, de hecho, así hemos medido la salud desde siempre, con indicadores de enfermedad y muerte, en lugar de indicadores de salud y bienestar. Probablemente sea porque los profesionales que trabajamos en salud estamos mas familiarizados con el control de enfermedades en las personas y en la población, y nos han enseñado desde la escuela de Medicina a contar enfermos y fallecidos. Por eso ustedes ven en las noticias a ministros y funcionarios anunciando con preocupación que hay tantos casos de tal enfermedad, o tantos fallecidos por esa otra enfermedad, y se están tomando medidas para controlar la enfermedad: es decir, que estamos siempre detrás del problema. Y ese mensaje cala en la población, convenciéndola (con o sin intención) de que, para alcanzar la salud y bienestar, hay que curar las enfermedades y eso lo hacen los doctores en los centros de salud, en sus clínicas o en los hospitales, ya sean públicos o privados. Y, por ende, poco se preocupa la sociedad por el espinoso asunto de la “producción de salud”.

Pero esa definición solo abarca una pequeña parte de los factores que afectan la salud de las personas. La otra parte, la más importante y abarcadora, corresponde a los “determinantes sociales de la salud”. No es casualidad que la Organización Mundial de la Salud manifieste desde hace algunos años, que “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Por lo tanto, para alcanzar ese “completo estado de bienestar” debemos actuar sobre los determinantes sociales de la salud, en lugar de limitarnos a curar enfermos. Y por favor no me malinterpreten, NO estoy afirmando que debemos abandonar los servicios de salud. Lo que estoy proponiendo es que debemos desarrollar un modelo intersectorial que intervenga en las múltiples causas que condicionan la salud y bienestar, así como la aparición de enfermedades. Ese abordaje no me lo estoy inventando, lo desarrollaron los canadienses hace más de 30 años, y fue rescatado hace poco en el informe final de la Comisión sobre Determinantes sociales de la salud de la OMS, el cual nos hizo tres grandes recomendaciones: mejorar las condiciones de vida cotidianas; luchar contra la distribución desigual del poder, el dinero y los recursos; y medir y analizar sistemáticamente el problema para poder actuar. Nos toca entonces a la sociedad, y a los recursos humanos que trabajan en salud, conocerlo, comprometernos con él y exigirles a nuestros gobernantes, que coloque como la más alta prioridad en salud, la búsqueda de la salud y bienestar, trabajando sobre sus determinantes sociales.

¿Qué significa vida saludable?

Sobre el tema me encontré 9,640,000 de resultados (en 0.47 segundos) en Google, lo que me hace sospechar que todos, o casi todos en este planeta, sabemos lo que es una vida saludable. De todos modos recordemos que, basados en el concepto de “salud como un completo estado de bienestar”, llevar una vida saludable implica cultivar estilos de vida saludables, como, por ejemplo: alimentarnos sanamente, con incremento en el consumo de frutas y verduras, aboliendo las grasas y frituras; luchar contra el cigarrillo y el uso nocivo del alcohol; hacer suficiente ejercicio físico; prevenir las enfermedades no transmisibles, por ejemplo: controlando la presión arterial, la glicemia; llevando una vida sexual sin peligros; combatir el estrés. Y no poniéndonos en riesgo porque los riesgos están en todos lados y provocan enfermedades, muchas de ellas mortales.

Para los que deseen más información sobre la salud y bienestar, les invito a la lectura de la sección Vida Saludable de los Institutos Nacionales de Salud (NIH por sus siglas en inglés). Allí encontrarán información general de salud, consejos para ayudar a prevenir daños y enfermedades, una buena nutrición y cómo estar físicamente activo.

¿Por qué somos así, descuidados y poco importa?

Asumiendo que la mayoría de las personas (adolescentes y adultos) saben lo que es bueno (y malo) para la salud, la pregunta es muy válida: ¿por qué no hacemos ejercicios?, ¿por qué nos hartamos de “comida chatarra”?, ¿por qué fumamos y consumimos alcohol en exceso?, ¿por qué manejamos de forma desordenada, irresponsable, a toda velocidad y sin consideración alguna?, ¿por qué somos promiscuos e inseguros en el sexo?, etc.…

Yo tengo dos respuestas a esa pregunta: la primera tiene que ver con nuestra cultura, y es posible que, así como lo hacen en cada momento, también muchos panameños crean que le pueden jugar vivo a la enfermedad y dicen que: “yo no estoy gordo o gorda, estoy macizo o bien rellenita”, “yo tomo poco y nunca me emborracho”, “cuando tomo es cuando mejor manejo”, yo fumo muy poco”, “a mí no me van a pegar el SIDA porque soy un “varón””, etc.… NO menos importante es que la mayoría de los panameños pasan muchas horas en la calle, ya sea trabajando (muchas veces mal remunerado y en malas condiciones), en el transporte público, sometidos a un estrés sistemático que comienza al momento de llegar a la parada de bus y esperar dos horas para subirse a un transporte colectivo, que pone en riesgo la vida de los pasajeros y peatones. La mayoría de nuestros compatriotas se levanta a las 4:00am para poder llegar a tiempo al trabajo, come cualquier cosa al medio día y regresa a su casa después de las 9:00pm. Entonces: ¿cómo alimentarse sanamente?, ¿cómo hacer ejercicios a esa hora?, ¿Cómo evitar que los asalten o asesinen si salen a caminar de madrugada o en altas horas de la noche?, ¿cómo alcanzar la salud y bienestar que merecemos?

La otra tiene que ver con el Modelo de Atención que llevan a cabo nuestras  instituciones públicas, el cual, de acuerdo a los integrantes de la Mesa de Diálogo por la Salud, es un modelo centrado en la enfermedad (hospitalocéntrico le dicen), que no hace suficiente por promover el cultivo de estilos de vida saludables en la población. Ya sea porque la frecuencia de los mensajes es insuficiente, o porque los contenidos están redactados de una forma que no les llega a las personas. Lo cierto es que las estadísticas disponibles demuestran que no hemos conseguido los resultados esperados, por lo que estamos obligados a investigar las razones y desarrollar nuevas estrategias.

Eso cuesta dinero y hay que invertirlo para alcanzar la salud y bienestar. Ya he señalado aquí que el monto del presupuesto de la CSS y el MINSA en estos cinco años, asciende a 34,000 millones de balboas. Cifra más que suficiente para cambiar el modelo de salud y transformar el sistema, orientándolo a la Promoción de la Salud.

Y eso es todo por esta entrega, me comprometo a desarrollar en la próxima “El sistema de salud que queremos y necesitamos para alcanzar la salud y bienestar para todos en todos los lugares”.

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