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Los panameños estamos decepcionados, devuelvan nuestro dinero.La mayoría de los panameños estamos decepcionados por la corrupción impune, producto de la distribución del poder, el dinero y los recursos en el país, la cual es percibida por la población y denunciada diariamente en los medios. Una contundente prueba de ello, que no puede ser vinculada a agenda política alguna, fueron los señalamientos de nuestro arzobispo en la reciente Cita Eucarística al afirmar que: “Panamá continúa herido por la corrupción, la falta de justicia expedita y una justicia para algunos es injusticia para otros. Es imperante que los casos de corrupción sean llevados a juicio para conocer la verdad, debemos saber sin duda alguna si quienes son acusados son culpables o no. Urge que quienes ostentan el poder en sus diversas manifestaciones se empinen sobre sus intereses personales, de partidos o ideologías, para rescatar la dignidad de nuestro pueblo que se ve pisoteada cada día con los escándalos de corrupción, con la ausencia de una sólida institucionalidad y de un desarrollo económico inclusivo, que permita a todos oportunidades de una vida digna. La Iglesia en salida nos coloca a todos a salir a defender la dignidad de la vida, la convivencia armónica sin exclusiones, y espacios de oportunidades para todos, especialmente para los más pobres y vulnerables de nuestra sociedad.”

Como si eso fuera poco, el índice de percepción de la Corrupción que publica la Organización para la transparencia Internacional señala que seguimos estancados en la lucha contra la corrupción y afirma que: “los verdaderos cambios institucionales que evidenciarían un compromiso robusto con la transparencia y que solo pueden venir de la voluntad política de las autoridades para ejercer su iniciativa legislativa no se han dado…

Y hoy, en la etapa final de esta administración, sumado a las denuncias diarias de corrupción en nuestros medios, el contralor nos revela que los diputados quieren una nueva partida. Es decir que no les basta con los nombramientos de las planillas 172, 080 y 02, que en 2017 significaron erogaciones de más de 1 millón de balboas por cada uno de los 71 diputados, y necesitan otra más para “contratar personal transitorio”.

En ese contexto me pareció necesario abrir un compás en esta serie de publicaciones sobre salud para insistir sobre el impacto de la corrupción en nuestro desarrollo humanos integral, pues, como subrayó el arzobispo: “llegó la hora de que los ciudadanos clamemos y exijamos honestidad, transparencia en la cosa pública, ética y moral, especialmente de quienes tienen las responsabilidades políticas, económicas, sindicales, culturales, religiosas, en las comunicaciones…

Como ya señalé en un artículo previola corrupción es un delito grave que frena el desarrollo económico y social en todas las sociedades. Ningún país, región o comunidad es inmune. Cada año se paga un billón de dólares en sobornos y se calcula que se roban 2,6 billones de dólares anuales mediante la corrupción, suma que equivale a más del 5% del producto interior bruto mundial. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, se calcula que en los países en desarrollo se pierde, debido a la corrupción, una cantidad de dinero diez veces mayor que la dedicada a la asistencia oficial para el desarrollo…” Si aplicamos las estimaciones globales que nos señala el PNUD, el 5% de nuestro PIB pudo haberse quedado en los bolsillos de los políticos corruptos. Esa cifra correspondería en los últimos diez años 14,000 millones de balboas. Imaginemos el impacto negativo que la corrupción tiene en la educación, la sanidad, la justicia, la democracia, la prosperidad y el desarrollo. Y cómo sería nuestro país si frenamos esta nefasta práctica.

Por nuestra parte, el Sector Salud no está exento del riesgo de la corrupción, pues como señale en otra publicación sobre el tema, cuando termine esta administración, ¡entre el MINSA y la CSS habrán manejado más de 30,000 millones de balboas! Y eso señores, sin acusar a nadie, es una cifra muy tentadora para los corruptos. Sobre todo, en un país donde la corrupción está presente y denunciada a diario como ya cité arriba.

Pero a pesar de que los panameños estamos decepcionados, la mayoría de nosotros, de cualquier generación, olvidamos el pasado y nos mantenemos apáticos e indiferentes. Nos limitamos a vivir nuestras vidas con la comodidad que podamos. No participamos porque creemos que tenemos nuestro problema económico resuelto y vivimos felices nuestra utopía, disfrutando, endeudados hasta las orejas, de las delicias de la vida fácil que ofrece Panamá para los que tienen un salario medio aceptable y son “sujetos de crédito”. No nos organizamos ni participamos, sin pensar siquiera que nuestra apatía le da una “patente de corso” al político corrupto para seguir robando impunemente.

Aquí solo están organizados para participar los partidos políticos tradicionales (aunque sean siempre las cúpulas las que tomen las decisiones, muchas veces inconsultas y en no pocas ocasiones para el beneficio exclusivo de esas mismas cúpulas), quienes lo hacen por alcanzar el Poder Político, gobernarnos y, en el mejor de los casos, haciendo algunas obras, pero siempre llenándose los bolsillos, confiados de la impunidad permanente que les garantiza los tratos consolidados con los adversarios políticos, mientras estuvieron en el poder.

También participan, y organizan actividades, de acuerdo con su Misión e intereses, las llamadas Organizaciones No Gubernamentales, sin ánimos de lucro. Estas, pueden ser de diversas orientaciones políticas y clase social, las hay de derecha, vinculadas al poder económico, otras a la Iglesia y otras se orientan hacia la izquierda y dicen representar los intereses de los más pobres.

Pero esto no puede seguir así. Llegó la hora de que capitalicemos las buenas experiencias del pasado, y todos juntos, le reclamemos al gobierno, de manera pacífica pero sistemática y masiva, que cumpla con sus promesas, que lleve a cabo los cambios institucionales y políticos que Panamá reclama y que dejen de imponernos lo que beneficia al grupo gobernante y sus aliados. Ese reclamo lo tenemos que hacer todos, sin distingo de clases, ideologías políticas, y con la única agenda de recuperar nuestro país.

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