Embarazo en adolescentes: seguimos sin hacer lo suficienteAgobiados por las noticias de corrupción e impunidad que afecta los tres Poderes de nuestro Estado, y nos ha representado en las últimas décadas perdidas por miles de millones de balboas; los panameños perdemos de vista por períodos, importantes problemas de salud pública como el embarazo en adolescentes, que pone en riesgo a miles de jovencitas cada año, mientras la sociedad en su conjunto no hace lo suficiente por abordar la compleja situación que genera un embarazo no planificado, con los riesgos de una enfermedad de transmisión sexual y en el peor de los casos la muerte.

No ha sido suficiente con invocar valores como la familia, el amor, la educación, la fidelidad y la paternidad responsable, en los cuales, dicho sea de paso, todos creemos. Preguntémonos: ¿por qué nuestros adolescentes no se cuidan?, ¿acaso no saben que el sexo sin protección tiene consecuencias negativas?, ¿serán las presiones grupales?, ¿estarán confundidos por tantos mensajes?, ¿cómo estará su autoestima?, ¿estamos fallando los padres?, ¿Qué tenemos que hacer?, Esto no puede continuar pues cada día que pasa aumentan las posibilidades de embarazo y sufrimiento para nuestras adolescentes.

Breve resumen de situación del embarazo en adolescentes en Panamá

De acuerdo a reciente publicación de La Prensa, basada en información del MINSA; “en los primeros dos meses del este año 1,738 adolescentes ingresaron al sistema de control prenatal. Huelga comentar que esta preocupante cifra no incluye la CSS, las clínicas privadas y las adolescentes que no se controlan. Aún así la cifra representa un incremento de 166 casos respecto a los reportados en el mismo periodo del año 2017, cuando se registraron mil 572 embarazos”.

Y no olvidemos por favor que de acuerdo a nuestro Instituto Nacional de Estadísticas y Censo, los nacimientos vivos de madres menores de 19 años, muestran una clara tendencia al ascenso, llegando a cerca de 120,000 embarazos en los últimos diez años. Además, en Panamá, como consecuencia del inicio sexual sin protección ni conocimientos suficientes, los casos de VIH y SIDA en la población adolescente se incrementan cada año, acercándose al 8% de la totalidad. Y algunas, aunque muy pocas, es posible que fallezcan por causas del embarazo y el parto, pues como informa el Estado Mundial de la Población “las probabilidades de que las adolescentes de entre 15 y 19 años mueran debido al embarazo o el parto son dos veces superiores que aquellas mayores de 20 años”. En nuestro país, alrededor del 20% de las muertes maternas, ocurren en madres menores de 19 años.

Asimismo, como subrayé en un publicación previa, sabemos que el embarazo adolescente es una causa recurrente en la reproducción y feminización del círculo de la pobreza, ya que “la trayectoria de vida de las madres adolescentes está cargada de situaciones que vulneran sus derechos; en muchos casos son apartadas y discriminadas en sus lugares de estudio; se insertan en el mercado de trabajo en condiciones precarias; los comportamientos tradicionales de unión y embarazo temprano reducen las posibilidades de movilidad social; además, la recurrente ausencia de la pareja masculina, ya sea otro joven igualmente desprotegido que elude la responsabilidad paterna, agrava e incide directamente en la situación de pobreza de las madres adolescentes y sus hijas o hijos. Esta situación intensifica la desprotección de los menores ya nacidos frente a la pobreza y cronifica los retrasos en el desarrollo infantil temprano de los niños y niñas que son fruto de una maternidad impuesta”.

Aceleraremos el progreso hacia la reducción del embarazo en adolescentes

La reciente publicación del UNFPA, OPS/OMS y UNICEF nos señala que América Latina y el Caribe tienen la segunda tasa más alta de embarazo adolescente en el mundo. Nos recuerda la nota que:

“Aunque en los últimos 30 años en América Latina y el Caribe el número de hijos por mujer ha disminuido, las tasas de fecundidad en las adolescentes se han reducido ligeramente, señala el informe. Además, es la única región del mundo con una tendencia ascendente de embarazos en adolescentes menores de 15 años. Se estima que cada año, en la región, un 15% de todos los embarazos ocurre en adolescentes menores de 20 años y 2 millones de niños nacen de madres con edades entre los 15 y los 19 años”.

“La mortalidad materna es una de las principales causas de muerte en las adolescentes y jóvenes de 15 a 24 años en la región de las Américas. A nivel global, el riesgo de muerte materna se duplica en madres más jóvenes de 15 años en países de ingreso bajo y mediano. Las muertes perinatales son un 50% más alta entre recién nacidos de madres menores de 20 años comparado con los recién nacidos de madres de 20 a 29 años”.

“La falta de información y el acceso restringido a una educación sexual integral y a servicios de salud sexual y reproductiva adecuados tienen una relación directa con el embarazo adolescente. Muchos de esos embarazos no son una elección deliberada, sino la causa, por ejemplo, de una relación de abuso. Reducir el embarazo adolescente implica asegurar el acceso a métodos anticonceptivos efectivos.”

Por su parte el reporte “Acelerar el progreso hacia la reducción del embarazo en la adolescencia en América Latina y el Caribe”. A partir de la revisión de los datos disponibles y de la experiencia práctica de las autoridades responsables, los directores de programa y el personal de primera línea en países de todo el mundo, la OMS emitió las directrices de acciones en el plano normativo, el plano individual, familiar y comunitario y en el marco de los sistemas de salud que figuran a continuación para prevenir el embarazo precoz y los resultados reproductivos adversos en adolescentes en los países en desarrollo.

Recomendaciones para reducir el embarazo en adolescentes

Limitar el matrimonio antes de los 18 años

  • Acciones en el plano normativo: promulgar leyes que prohíban el matrimonio precoz.
  • Acciones en el plano individual, familiar y comunitario: informar y facultar o empoderar a las niñas, mantener a las niñas en la escuela, cuestionar las normas culturales que respaldan el matrimonio precoz.

Crear comprensión y apoyo para reducir los embarazos antes de los 20 años

  • Acciones en el plano normativo: apoyar los programas multisectoriales e integrales de prevención del embarazo en adolescentes.
  • Acciones en el plano individual, familiar y comunitario: educar a las niñas y niños sobre la sexualidad, conseguir el apoyo de la comunidad para evitar el embarazo precoz y aumentar el acceso a los anticonceptivos modernos, en particular a los anticonceptivos reversibles de larga duración.

Aumentar el uso de anticonceptivos

  • Acciones en el plano normativo: legislar el acceso a la información sobre métodos anticonceptivos y a los servicios de anticoncepción, reducir el costo de los anticonceptivos para los adolescentes.
  • Acciones en el plano individual, familiar y comunitario: educar a los adolescentes de ambos sexos sobre el uso de anticonceptivos, crear respaldo comunitario para la entrega de anticonceptivos a los adolescentes de ambos sexos, y permitir el acceso de la población adolescente a los servicios de anticoncepción.

Reducir las relaciones sexuales bajo coacción

  • Acciones en el plano normativo: hacer cumplir las leyes para prohibir las relaciones sexuales forzadas en cualquier circunstancia.
  • Acciones en el plano individual, familiar y comunitario: fortalecer las competencias de las niñas adolescentes para que resistan a las relaciones sexuales forzadas, influir sobre las normas sociales que naturalizan las relaciones sexuales forzadas, involucrar a los varones (tanto adultos como menores) en el cuestionamiento de las normas de género.

Reducir el aborto en condiciones peligrosas

  • Acciones en el plano normativo: habilitar el acceso de las adolescentes a servicios de aborto y postabortos seguros.
  • Acciones en el plano individual, familiar y comunitario: informar a las adolescentes acerca de los riesgos de los abortos en condiciones peligrosas, informar a las adolescentes acerca de dónde pueden abortar de forma segura, allí donde sea legal y concientizar a la comunidad sobre los riesgos de los abortos en condiciones peligrosas.
  • Acciones en el plano del sistema de salud: detectar y eliminar los obstáculos que impiden el acceso a los servicios de aborto seguro.

Aumentar el uso de la atención calificada antes, durante y después del parto

  • Acciones en el plano normativo: ampliar el acceso a la atención calificada antes, durante y después del parto, ampliar el acceso a la atención obstétrica básica, integral y de urgencia.
  • Acciones en el plano individual, familiar y comunitario: informar a la población adolescente y a los miembros de la comunidad sobre la importancia de obtener atención calificada antes, durante y después del parto.
  • Acciones en el plano del sistema de salud: asegurar que las adolescentes, sus familias y las comunidades estén bien preparadas para el parto y posibles urgencias, ser sensibles y responder a las necesidades de las madres y futuras madres adolescentes.

¿Y nosotros qué hacemos?

Como señalé en una publicación previa sobre el tema, la cual invito a leer nuevamente con un espíritu auto crítico y propositivo, subrayo ahora que a pesar de pesar de toda esta información abrumadora, nuestra sociedad no supera el debate sobre la “educación sexual” versus “la educación en sexualidad” que necesitamos. Unos afirman que “no se necesita una ley” para abordar el tema, apoyándose muchos en la religión. Otros señalan la urgencia de la educación sexual apoyada en un marco legal renovado. Ambos grupos se mantienen “atrincherados en sus posiciones”, sin lograr el consenso necesario. Olvidamos que de lo que se trata es de ofrecer a nuestras adolescentes la información y el apoyo necesario para que sepan cuidarse, defenderse y tomar las mejores decisiones…

El primer paso que tenemos que dar como sociedad, es reconocer y aceptar, que “nuestros adolescentes y jóvenes, por razones hormonales y fisiológicas, desean y pueden ser sexualmente activos. Estamos obligados a ofrecerles los medios educativos y asistenciales para que puedan vivir su sexualidad sin riesgo, o abstenerse de ello, controlando el deseo hasta que sean adultos”. Si no lo hacemos, encontrarán información, muchas veces distorsionada, a través de los amigos, los medios y redes sociales, y probablemente tomen decisiones equivocadas.

Para que esto sea posible, hay que estar dispuestos a abrirnos al debate respetuoso, superando las murallas ideológicas, religiosas, políticas y “ponernos en los zapatos” de los adolescentes. No debemos optar por suprimir libertades, esgrimiendo cada uno sus argumentos personales. “Nuestra sociedad debe ofrecer herramientas a la población adolescente y juvenil para que sepa manejarse con éxito en este mundo de libertades”.

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