Panamá: nuestros valores y la Carta de la Tierra

ValoresLos invito a reflexionar sobre cómo sería nuestro país si fuéramos una sociedad en la que prevalecieran sólidos valores cívicos y morales como la probidad, el humanismo, la tolerancia, el respeto y la solidaridad hacia el prójimo, el entorno natural y los objetos públicos. Aquella donde la buena educación, la urbanidad, la consideración y la cortesía orientaran nuestras acciones cotidianas.

Allí “viviríamos de acuerdo con un sentido de responsabilidad nacional, identificándonos con todas nuestras comunidades y las del planeta. Compartiríamos una responsabilidad hacia el bienestar presente y futuro de la familia y sociedad panameña y del mundo viviente en su amplitud. Nuestro espíritu de solidaridad humana y de afinidad con toda la vida se fortalecería porque coexistiríamos con reverencia ante el misterio del ser, con gratitud por el regalo de la vida y con humildad con respecto al lugar que ocupamos en la naturaleza” (Carta de la Tierra 2001).

En esa sociedad nuestra participación ciudadana sería una obligación moral, fuerte e inclusiva, aceptando sin llegar a la diatriba, las ideas, prácticas y creencias de los demás, independientemente de que choquen o sean diferentes de las nuestras; utilizando el diálogo incluyente y franco como único recurso para solucionar los conflictos, especialmente los conflictos sociales humanos, haciendo prevalecer la justicia y la igualdad. Los ciudadanos seríamos titulares efectivos de derechos y obligaciones sociales, civiles y políticas. Ejerciendo el control efectivo de la elección y gestión de gobernantes cuya probidad sería reconocida y garantizada.

Pero lamentablemente esa no es nuestra sociedad. La mayoría de los panameños optamos por mantener una cómoda indiferencia y superficialidad, disfrutando con presunción del placer inmediato que tengamos al alcance. Somos esclavos del culto a la belleza, el dinero y las apariencias. Pero ese comportamiento nuestro tiene serias consecuencias en las posibilidades de desarrollo humano pleno e integral del país, y en la salud y el bienestar de los panameños. Veamos algunas y pregúntense que podemos hacer para convertirnos en una comunidad solidaria, que comulgue con esos valores cívicos y morales que profundicen la espiritualidad y nos permitan un desarrollo integral para vivir en paz y armonía y lograr concordia nacional…

Aunque ya se ha dicho, casi que hasta el cansancio, debo subrayar de entrada que, aunque conocemos perfectamente la situación que atravesamos, como lo demuestran las encuestas mensuales de opinión pública; la inmensa mayoría de los panameños, prefieren vivir como espectadores impasibles, apáticos ante las prácticas que han caracterizado nuestras últimas administraciones. Perdemos de vista que nuestra conducta le ha dado a los últimos gobiernos una especie de “patente de corso” para controlar los tres Poderes del Estado y actuar impunemente en favor de sus intereses. No ahondaré en ese tema, pues abundan las denuncias en nuestros principales medios sobre falta de transparencia, impunidad y corrupción. Eso sí, no puedo dejar de destacar el escandaloso pago de millonarias coimas a diferentes funcionarios de tres de nuestros gobiernos desde 2006, en medio de una estructura de descomposición que nos empobrece, limita nuestro desarrollo y nos señala a nivel internacional como un país incapaz de perseguir y castigar severamente la corrupción. Y para que tengamos una idea de cómo nos afecta la corrupción y la impunidad, consideremos que “el costo de la corrupción en Panamá oscila entre el 3% y 4% del Producto Interno Bruto (PIB), lo que representa unos US$1.500 millones anualmente”. Preguntémonos la cantidad de obras que pudieron hacerse con esos recursos y su efecto en la mitigación de la pobreza que padecen miles de conciudadanos.

No menos importante que esta debacle política, está el efecto directo que tiene sobre nuestra situación de salud individual y colectiva, ese comportamiento superficial centrado en la búsqueda del placer. Aunque he compartido previamente varios artículos sobre este tema, les invito a darle una mirada a las Estadísticas Vitales que nos ofrece la Contraloría General de la Nación. La última publicación del INEC evidencia que las principales causas de enfermedad y muerte que afectan a nuestra población, están directamente relacionadas con estilos de vida asociados a factores de riesgo para la salud y la vida (comemos y bebemos en exceso, fumamos y no practicamos suficiente actividad física); con comportamientos irresponsables y deshumanizados en las carreteras; con falta de compromiso real y suficiente solidaridad con el bienestar integral de grupos etáreos específicos como los adolescentes. Así mismo hacemos poco para superar la exclusión social y las iniquidades en materia de salud, relacionadas con la raza, la etnicidad, el género, la orientación sexual, el nivel de ingresos, el lugar de residencia, el empleo y las condiciones de trabajo y otras características.

Para terminar les invito a leer la Carta de la Tierra. Allí se nos recuerda que “Necesitamos urgentemente una visión compartida sobre los valores básicos que brinden un fundamento ético para la comunidad mundial emergente” y nos ofrece con gran esperanza, una serie de “principios interdependientes, para una forma de vida sostenible, como un fundamento común mediante el cual se deberá guiar y valorar la conducta de las personas, organizaciones, empresas, gobiernos e instituciones transnacionales”. Comparto a continuación los títulos de los Principios y les insisto con respeto y afecto en la necesidad de la lectura completa y la aplicación cotidiana de todos.

I. Respeto y cuidado de la comunidad de la vida

  • Respetar la Tierra y la vida en toda su diversidad.
  • Cuidar la comunidad de la vida con entendimiento, compasión y amor.
  • Construir sociedades democráticas que sean justas, participativas, sostenibles y pacíficas.
  • Asegurar que los frutos y la belleza de la Tierra se preserven para las generaciones presentes y futuras.

II. Integridad ecológica

  • Proteger y restaurar la integridad de los sistemas ecológicos de la Tierra, con especial preocupación por la diversidad biológica y los procesos naturales que sustentan la vida.
  • Evitar dañar como el mejor método de protección ambiental y cuando el conocimiento sea limitado, proceder con precaución.
  • Adoptar patrones de producción, consumo y reproducción que salvaguarden las capacidades regenerativas de la Tierra, los derechos humanos y el bienestar comunitario.
  • Impulsar el estudio de la sostenibilidad ecológica y promover el intercambio abierto y la extensa aplicación del conocimiento adquirido.

 III. Justicia social y económica

  • Erradicar la pobreza como un imperativo ético, social y ambiental.
  • Asegurar que las actividades e instituciones económicas, a todo nivel, promuevan el desarrollo humano de forma equitativa y sostenible.
  • Afirmar la igualdad y equidad de género como prerrequisitos para el desarrollo sostenible y asegurar el acceso universal a la educación, el cuidado de la salud y la oportunidad económica.
  • Defender el derecho de todos, sin discriminación, a un entorno natural y social que apoye la dignidad humana, la salud física y el bienestar espiritual, con especial atención a los derechos de los pueblos indígenas y las minorías.

 IV. Democracia, no violencia y paz

  • Fortalecer las instituciones democráticas en todos los niveles y brindar transparencia y rendimiento de cuentas en la gobernabilidad, participación inclusiva en la toma de decisiones y acceso a la justicia.
  • Integrar en la educación formal y en el aprendizaje a lo largo de la vida, las habilidades, el conocimiento y los valores necesarios para un modo de vida sostenible.
  • Tratar a todos los seres vivientes con respeto y consideración.
  • Promover una cultura de tolerancia, no violencia y paz.

 “…Que el nuestro sea un tiempo que se recuerde por el despertar de una nueva reverencia ante la vida; por la firme resolución de alcanzar la sostenibilidad; por el aceleramiento en la lucha por la justicia y la paz y por la alegre celebración de la vida…”

¿Qué vamos a hacer para que así sea panameños?

Acerca de jorgeprosperi

Hola amigos: Tengo 67 años, soy de nacionalidad panameña, casado, con cuatro hijos. Recibí mi título de doctor en Medicina en la Universidad Nacional de Panamá, me especialicé en Pediatría en el Hospital del Niño de Panamá, luego obtuve una Maestría en Salud Pública con especialización en organización, planificación y administración de servicios de salud en la Universidad Nacional de Panamá. Realicé estudios de postgrado en gestión de sistemas y servicios de salud en la Escuela Andaluza de Salud Pública. De 1979 al 1991 desempeñé diversos cargos de dirección y coordinación en el sistema nacional de salud de Panamá, entre ellos la Dirección Médica del Hospital del Niño y la Dirección General de Salud. A partir de agosto del 1992 inicié mi carrera en la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud en el Área de Políticas, Sistemas y Servicios de Salud, brindando cooperación técnica en Costa Rica, Guatemala, El Salvador, Venezuela y Ecuador. Posteriormente fui Representante de la OPS/OMS en Ecuador, en Nicaragua y me jubilé el 30 de noviembre de 2014, siendo el Representante de OPS en Costa Rica. Al terminar mi carrera profesional en la Organización Panamericana de la Salud, vuelvo a Panamá con la obligación personal, ética y moral de compartir conocimientos y experiencias atesoradas en estos años. Espero no defraudarlos y que mis aportes tengan valor agregado...
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