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BorrachosDe acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, cada año fallecen más de tres millones de personas en el mundo debido consumo nocivo de alcohol, lo que representa un 5,9% de todas las defunciones. Además el uso nocivo de alcohol es un factor causal en más de 200 enfermedades y trastornos, por lo que el 5,1% de la carga mundial de morbilidad y lesiones es atribuible al consumo de alcohol. El consumo de alcohol provoca defunción y discapacidad a una edad relativamente temprana. En el grupo etario de 20 a 39 años, un 25% de las defunciones son atribuibles al consumo de alcohol. También existe una relación causal entre el consumo nocivo de alcohol y una serie de trastornos mentales y comportamentales, además de las enfermedades no transmisibles y los traumatismos. Como si fuera poco, se han demostrado relaciones causales entre el consumo nocivo y la incidencia de enfermedades infecciosas tales como la tuberculosis y el VIH/SIDA.

En Panamá sabemos que el consumo de Alcohol es un problema de salud pública, pues de acuerdo al Informe sobre la situación regional del consumo de alcohol y la salud en las Américas, elaborado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el nuestro es el segundo país de Centroamérica con mayor consumo de alcohol per cápita. Cada hombre panameño mayor de 15 años en el país consume en promedio 11.2 litros de alcohol al año, mientras que las mujeres beben 4.7 litros, superando en ambos casos los promedios mundiales. Lamentablemente los datos nacionales que nos presenta el MINSA sobre el problema en su documento “Análisis de situación de Salud”, corresponden a la Encuesta Nacional de Salud y Calidad de Vida (ENSCAVI 2007), la cual fue muy útil en su momento, pero carece de validez actual.

Nuestro país tiene una larga tradición de producción y consumo de alcohol y estos vínculos nos están pasando una factura muy cara en ambos sexos y en todas las clases sociales y grupos étnicos, una carga que seguirá aumentando si no se adoptan de inmediato medidas eficaces para promover, proteger y mejorar la salud y el bienestar de todos sus ciudadanos por encima de los intereses comerciales, que, dicho sea de paso, son enormes, pues, como nos señala el INEC, en el año 2015 se produjeron 280 millones de litros de bebidas alcohólicas, las cuales generaron a los dueños de la industria 247 millones de balboas. Las cifras de INEC también detallan que la cerveza, el ron, el seco y la ginebra en orden de preferencia son las bebidas que más se consumen en el país.

Para darle contexto a las consecuencias de esta adicción, el Instituto Nacional de Estadística y Censo nos informa que en los últimos diez años fallecieron en accidentes de tránsito cerca de 4,300 personas. La mayoría de los accidentes y las muertes fueron durante los fines de semana y días feriados. Siguen siendo las principales causas de estos fallecimientos: manejar bajo los efectos del alcohol y el exceso de velocidad, las distracciones y el incumplimiento de los reglamentos de tránsito. En conclusión, nuestra sociedad pierde todos los años un promedio cercano a los 430 ciudadanos, la mayoría en edades productivas, por causas que pudieron y debieron evitarse. Y, lo más doloroso es que las cifras se mantienen año tras año, lo que indica que como sociedad y gobierno, no hemos sido capaces de controlar y disminuir el número de heridos y fallecidos por accidentes de tránsito, con su secuela de sufrimientos y pérdidas emocionales, sociales y financieras para las familias afectadas y para todo el país. Las intervenciones familiares, sociales e institucionales para enfrentar el problema, son claramente insuficientes, y se enfocan principalmente a las llevadas a cabo por la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT), quienes cumplen con lo que les corresponde.

Además, el mismo Instituto Nacional de Estadística y Censo nos informa que en el año 2015 más de 9,000 ciudadanos perdieron la vida prematuramente por “enfermedades crónicas no transmisibles”, relacionadas en  forma directa o indirecta con estilos de vida asociados a factores de riesgo para la salud, y la vida, entre ellos el consumo nocivo de alcohol, y con la insuficiente capacidad de nuestro sistema público de salud para promover los necesarios estilos de vida saludables. Esas personas le hacen falta a sus familias, a la sociedad y al país. Muchas de estas muertes pudieron evitarse o postergarse, evitando los factores de peligro asociadas a ellas.

El mismo informe de la OPS que cité al inicio, nos dice que hay muchos factores personales y sociales interrelacionados que contribuyen al consumo de bebidas alcohólicas y a los daños que provoca. Comparto un párrafo sobre la vulnerabilidad de la sociedad, como uno de ellos, y los invito a leer el “modelo conceptual propuesto”.

“La vulnerabilidad social hace referencia a los factores propios de la sociedad que tienen un efecto sobre los patrones de consumo y los daños causados por el alcohol. Estos factores son: el nivel de desarrollo (los residentes de países menos desarrollados tienden a consumir menos bebidas alcohólicas, pero también tienden a tener menos servicios disponibles para mitigar los daños causados por el alcohol); la cultura y las normas (muchas culturas en las Américas celebran las fiestas u ocasiones especiales con alcohol, mientras que la estigmatización y las normas sociales pueden disuadir a la persona de buscar ayuda o tratamiento); el contexto del consumo (beber en lugares públicos conlleva diferentes riesgos que beber en casa); y la producción, la distribución y la reglamentación (la producción y la distribución tienen que ver con la disponibilidad de alcohol en todas partes, mientras que si se regulan los precios, la disponibilidad y la venta, se puede limitar la disponibilidad…”.

Al final el excelente Informe de la OPS nos hace recomendaciones que se basan en los cinco objetivos planteados en la Estrategia (OMS) mundial para reducir el uso nocivo del alcohol y el Plan de acción (OPS) para reducir el consumo nocivo de alcohol. Compartiré para finalizar la que considero de mayor importancia y les exhorto a la lectura de la totalidad del documento:

Aumentar la concienciación nacional y reforzar el compromiso político

“La concienciación sobre la bebida es un primer paso importante para modificar las actitudes culturales relativas al alcohol y ganar el respaldo del público para las políticas y las intervenciones destinadas a reducir los daños que provoca el consumo. La difusión de los resultados presentados en el informe puede ayudar a concientizar a los panameños acerca de la carga del alcohol, las lagunas en la recopilación de datos y la existencia de políticas basadas en datos probatorios. Los responsables políticos tendrán que tomar decisiones difíciles para salvar vidas y reducir los costos del alcohol en la sociedad.

El compromiso político es crucial para el éxito de toda política o intervención. Las políticas en materia de alcohol son por su naturaleza intersectoriales y los ministerios de sanidad deben trabajar codo a codo con los de economía, interior, trabajo, transporte, educación y bienestar social para reducir los daños causados por el alcohol. La obtención del apoyo de diferentes sectores legitimará las actuaciones emprendidas para abordar estos daños.

Además, el compromiso de elaborar y poner en práctica políticas eficaces en materia de alcohol debe ser independiente de los actores económicos y estar por encima de los intereses comerciales. Los Estados tienen mucho que ganar de las estrategias de salud pública para reducir el consumo nocivo del alcohol: desde el aumento de la recaudación para financiar los servicios sanitarios y sociales y promover el desarrollo sostenible, hasta la reducción de la mortalidad y la mejora de la calidad de vida de sus ciudadanos”.

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