Seleccionar página

La reciente aprobación en primer debate el Proyecto de ley 61, “por el cual se adoptan políticas públicas de educación integral, atención y promoción de la salud”, me obliga a retomar este tema e insistir que nuestros adolescentes y jóvenes y nuestra sociedad en general, necesitan con urgencia cambios en nuestras actitudes y una Ley que establezca las bases normativas para la protección y atención de la salud sexual y salud reproductiva, mediante la formación integral de las personas, respetando sus derechos, su cultura y los valores que las caracterizan. En ese contexto debemos prepararnos para participar todos en un debate respetuoso y productivo, saliendo de las trincheras ideológicas, religiosas, políticas y “poniéndonos en los zapatos” de los adolescentes. Por esa razón, en este artículo comparto con ustedes información actualizada sobre la educación sexual y los embarazos en las adolescentes. Los invito a leerla hasta el final, reflexionar objetivamente sobre cuál es la educación sexual que necesita nuestra juventud y poner en práctica los conocimientos y aptitudes que adquiramos, sin necesidad de esperar a que nuestros diputados regresen de sus vacaciones y se promulgue la renovada Ley…

Confiemos en que la nueva propuesta contribuya a fortalecer las capacidades de las instituciones nacionales y de las organizaciones de la sociedad civil para: desarrollar la formación de docentes en materia de educación de la sexualidad; operar servicios de salud integrales, de alta calidad y amigables para los adolescentes y jóvenes y, que garantice que los derechos en salud sexual y reproductiva de los adolescentes estén incluidos en los programas nacionales y se traduzcan en políticas y acciones que le brinden a nuestra juventud la información y herramientas para manejarse con éxito en este mundo de libertades.

Espero que ese sea el enfoque de la Ley en discusión, porque las conclusiones del reciente Foro Nacional sobre Salud Sexual y Reproductiva son desalentadoras: “el 60 % de los jóvenes entre los 14 y 19 años en Panamá ha tenido ya algún tipo de relación sexual” y existe entre ellos una “carencia absoluta de información acerca de la sexualidad humana en todas sus edades de desarrollo…”. Y agrego yo: como consecuencia de ello, todos los años miles de adolescentes inician su vida sexual en forma no planificada y desprotegida, resultando muchas de ellas, sin desearlo, embarazadas. También todos los años, decenas de nuestras jovencitas adquieren el VIH, y algunas, aunque muy pocas, es posible que fallezcan por causas del embarazo, el parto y el SIDA.

De acuerdo a nuestro Instituto Nacional de Estadísticas y Censo, la tasa de fecundidad y los nacimientos vivos de madres menores de 19 años, muestran una clara tendencia al ascenso desde el 2006, superando los 15,000 nacimientos el año 2016. Ese mismo año, el 20% de los nacimientos ocurrieron en madres menores de 19 años. Más de la mitad de los padres fueron hombres mayores de 25 años, muchos de ellos mayores de 40 años de edad. Además, en nuestro país, alrededor del 20% de las muertes maternas, ocurren en madres menores de 19 años. En el año 2015, nueve niñas-madres fallecieron por causas relacionadas con el embarazo y el parto. Por otro lado, en Panamá los casos de VIH y SIDA en la población adolescente se incrementan cada año, acercándose al 7% de la totalidad. En el 2015 ocho adolescentes fallecieron por el SIDA, cinco eran niñas.

También sabemos que el embarazo adolescente es una causa recurrente en la reproducción y feminización de la pobreza, ya que “la trayectoria de vida de las madres adolescentes está cargada de situaciones que vulneran sus derechos de estudio y trabajo. Además, esta situación intensifica la desprotección de los menores ya nacidos frente a la pobreza y cronifica los retrasos en el desarrollo infantil temprano de aquellos que son fruto de una maternidad impuesta”.

A pesar de toda esta información abrumadora, considero que como sociedad no estamos haciendo lo suficiente. Preguntémonos: ¿por qué nuestros adolescentes no se cuidan?, ¿acaso no saben que el sexo sin protección tiene consecuencias negativas?, ¿serán las presiones grupales?, ¿estarán confundidos por tantos mensajes?, ¿cómo estará su autoestima?, ¿estamos fallando los padres?, ¿Qué tenemos que hacer?

El primer paso que tenemos que dar como sociedad, es tener presente y aceptar, como nos señala el informe del Foro mencionado al inicio, que nuestros jóvenes desean y pueden ser sexualmente activos y estamos obligados a ofrecerles los medios educativos y asistenciales para que puedan postergar el inicio o vivir su sexualidad sin riesgo. No podemos limitarnos a suprimir libertades esperando lograr algo con eso.

Panamá necesita un programa integral que tenga como objetivo “dotar a los niños, niñas y jóvenes de los conocimientos, habilidades, actitudes y valores que les permitan desarrollar una visión positiva de la sexualidad, en el marco de su desarrollo emocional y social…”.

Ese programa inicia en el hogar con los padres de familia, quienes no han cumplido cabalmente con su misión, pero tienen el deber y el derecho de ser los primeros y principales educadores de sus hijos, basando sus mensajes en información validada, conforme avanza la edad, teniendo en cuenta su progreso psicológico, y en los principios y valores del amor y el humanismo solidario.

Por su parte nuestras instituciones deben fortalecerse. No es suficiente con invocar valores como la familia, el amor, la educación, la fidelidad y la paternidad responsable, en los cuales, dicho sea de paso, todos creemos o afirmamos creer. La Asamblea Nacional debe promover el debate imparcial y no favorecer por presión a ninguna de las partes. El MEDUCA debe garantizar que todas las escuelas institucionalicen la educación integral en los contenidos del sexo y la sexualidad. El MINSA debe consolidar el abordaje efectivo de las necesidades de los adolescentes. Y la Justicia debe perseguir y castigar ejemplarmente a los adultos que abusan de niñas menores de edad.

Para finalizar, insisto respetuosamente en que nos toca a la sociedad prepararnos para participar de manera documentada, inteligente y objetiva en los debates que se avecinan. Para ello los invito a “conocer con la mente abierta” la información que nos ofrecen las agencias especializadas del Sistema de Naciones Unidas en los siguientes sitios:

¡Busquemos el consenso necesario por favor!

A %d blogueros les gusta esto: