¡Despierta Panamá!

Despierta PanamáLos panameños creímos en las promesas de campaña que bajo el lema “Por un gobierno honesto que trabaje para el pueblo“, nos hizo el entonces candidato y hoy Presidente. Fuimos a las urnas y lo elegimos con ilusión, optimismo y esperanzas. Hoy, casi tres años después, la mayoría de los panameños sentimos que nos equivocamos y el gobierno no siempre trabaja para el pueblo. La falta de probidad y pudor de muchos de nuestros políticos, supera con creces nuestros ya penosos antecedentes. Es probado y conocido públicamente que el pago de sobrecostos por las obras, la aceptación de coimas y la confección de contratos ilegítimos. Para ello se han valido del nefasto clientelismo político, favoreciendo en muchos casos, el nombramiento de funcionarios inescrupulosos, que no tienen reparos a la hora de permitir y ser parte de la apropiación de los recursos pertenecientes al pueblo panameño.

Los papeles de PanamáEsta descomposición institucional ha trascendido las fronteras, y nuestro país es visto en el escenario internacional, como un país propicio para los negocios ilegales y el enriquecimiento ilícito. Este vergonzoso reconocimiento ha dado lugar a que la investigación de los “Panamá Papers” haya sido galardonada con el Premio Pulitzer de Informes Explicativos. El administrador de los Pulitzer destacó que “medios involucrados dieron a conocer una serie de documentos del bufete de abogados panameños, los cuales revelaron que numerosos políticos, famosos y deportistas tenían fondos en paraísos fiscales…” Por su parte las grandes potencias agrupadas en diversos organismos internacionales nos han etiquetado como “paraíso fiscal”, haciéndonos figurar, para nuestro descrédito en listas negativas y muchos nos acusan de no cooperar en la lucha internacional contra el blanqueo de dinero. Como decía un ilustre panameño hace cincuenta años: “han colocado el haber moral de la República en un saldo en rojo que pone en peligro la democracia y genera un desprestigio internacional sin precedentes”.

Mientras tanto, la mayoría de los ciudadanos, permanecemos indiferentes y no ejercemos nuestro derecho de controlar el quehacer de los personajes que elegimos para representarnos. Facilitamos en muchos casos, la comisión de arbitrariedades y delitos, ante la mirada, también indiferente, de la justicia, que de acuerdo a las denuncias ciudadanas, sabemos que  es ciega y selectiva. Como si fuera poco, cuenta ahora con la recientemente aprobada “delación premiada”, que permitirá la realización de acuerdos si hay aceptación de los hechos de la acusación. Es decir, la legalización de la impunidad…

Somos una multitud que permanece impasible ante el arbitrario banquete que disfrutan nuestros políticos. Olvidamos que nuestra apatía aumenta el margen de maniobra del “círculo” dirigente, excepto cuando necesitan de nuestra aprobación para el logro de sus objetivos, lo cual, dicho sea de paso, es rarísimo, pues el grupo gobernante no ha demostrado estar interesado en escucharnos, y están llevando a cabo lo que le conviene a sus intereses.

Pero cuidado que estamos en grave peligro. De acuerdo a Naciones Unidasexisten suficientes pruebas de que una vez que se alcanza un límite crítico, los mayores niveles de corrupción resultan en mayores niveles de violencia, impunidad e inseguridad. Por lo tanto, no puede haber una paz sostenible en una sociedad plagada de corrupción e impunidad endémicas”. Tampoco puede haber una paz sostenible cuando los que están en el poder – sea político, económico o de justicia – pueden comprar su impunidad, y no puede haber ni paz ni justicia cuando grandes grupos de personas sufren discriminación porque no pueden sobreponerse a los muchos obstáculos ilegales que les impiden gozar de sus derechos”.

Encuesta DyN marzo 2017A pesar de ello, los panameños nos la hemos arreglado para soportar, sin llegar a la violencia colectiva, los abusos cometidos por nuestros gobernantes, llevándonos a ese nivel crítico que señala la ONU. Supongo que el discurso del crecimiento económico, en medio de la construcción sostenida de grandes estructuras, han sido suficientes para mantenernos aletargados disfrutando apáticos de los pequeños placeres que nos permite una tarjeta de crédito, cuyo saldo nacional, dicho sea de paso, ascendió a  $1,865 millones, lo que representa un incremento de un 21.6% de crecimiento al compararse con el saldo de julio de 2015. Tampoco nos detenemos a pensar en la inmensa deuda pública, que aumentó $4,022 millones en los primeros dos años de este gobierno, ascendiendo a $21,690 millones a junio 2016, de acuerdo al último reporte de la Dirección de Crédito Público del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). Olvidamos que esa deuda la tendrán que pagar las futuras generaciones de panameños y, deslumbrados por los grandes edificios y centros comerciales, no pensamos en el desarrollo posible que no alcanzaremos…

Necesitamos con urgencia romper la cultura de corrupción e impunidad, desarrollando, como un enfoque de gobernanza total que incluya, entre otras cosas, la creación de instituciones eficaces, responsables y transparentes en todos los niveles; el fortalecimiento del Estado de derecho, garantizar el acceso equitativo a la justicia y el acceso público a la información.

Ya casi cerrando, me permito citar parte del párrafo final de la ponencia al profesor Fisher durante el XIII Encuentro Internacional de Economistas que tuvo lugar en Panamá en noviembre del 2015: “El futuro del desarrollo económico panameño: ¿Cómo crecer en medio de la incertidumbre mundial?

“Panamá tiene las herramientas para vadear esta coyuntura, pero requiere recalcar lo que ya sabemos: nuestro modelo de desarrollo debe apuntar a la generación de riqueza desde un gobierno socialmente responsable, eficiente y transparente y una sociedad civil vigorosa, dispuesta al emprendimiento… Todo requiere de una política económica prudente y estable, dispuesta a asumir un futuro donde existe racionalidad en el gasto y la tarea de desamarrar intereses creados que exigen una cuota de la riqueza nacional para sus propósitos. Hay que liberar recursos para una prosperidad compartida, y esto requiere y siempre requerirá de coraje y discernimiento…”

Llegó la hora de hacernos escuchar. Hagamos que nuestra participación cuente. Superemos las barreras ideológicas que nos impiden ponernos de acuerdo y juntémonos para forjar acuerdos y compromisos concertados que funcionen para todos en este país, incluido el gobierno, y nos ayuden a acabar con la corrupción, reducir las desigualdades y promover el desarrollo equitativo al que tenemos derecho.

Acerca de jorgeprosperi

Hola amigos: Tengo 67 años, soy de nacionalidad panameña, casado, con cuatro hijos. Recibí mi título de doctor en Medicina en la Universidad Nacional de Panamá, me especialicé en Pediatría en el Hospital del Niño de Panamá, luego obtuve una Maestría en Salud Pública con especialización en organización, planificación y administración de servicios de salud en la Universidad Nacional de Panamá. Realicé estudios de postgrado en gestión de sistemas y servicios de salud en la Escuela Andaluza de Salud Pública. De 1979 al 1991 desempeñé diversos cargos de dirección y coordinación en el sistema nacional de salud de Panamá, entre ellos la Dirección Médica del Hospital del Niño y la Dirección General de Salud. A partir de agosto del 1992 inicié mi carrera en la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud en el Área de Políticas, Sistemas y Servicios de Salud, brindando cooperación técnica en Costa Rica, Guatemala, El Salvador, Venezuela y Ecuador. Posteriormente fui Representante de la OPS/OMS en Ecuador, en Nicaragua y me jubilé el 30 de noviembre de 2014, siendo el Representante de OPS en Costa Rica. Al terminar mi carrera profesional en la Organización Panamericana de la Salud, vuelvo a Panamá con la obligación personal, ética y moral de compartir conocimientos y experiencias atesoradas en estos años. Espero no defraudarlos y que mis aportes tengan valor agregado...
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