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Las cifras disponibles de nuestro Instituto Nacional de Estadísticas y Censo, complementadas con algunas estimaciones personales, sugieren que, en efecto, estamos disminuyendo la Mortalidad Materna. Pero no cantemos victoria porque cualquier nivel de mortalidad materna prevenible debe ser inaceptable. Y alcanzar el objetivo de “cero muertes maternas por hemorragia” debe ser el desafío más crucial de nuestra sociedad, porque nuestras mujeres son la fuente de nuestros principios y valores, y el eje de nuestro desarrollo.

Antes de entrar en materia reconozco y felicito el esfuerzo y compromiso del personal técnico y profesional (auxiliares, enfermeras, médicos) en el nivel local (Puestos y Centros de Salud y Hospitales). Ellos y ellas, son los responsables directos de este importante logro. Y eso, subrayo, a pesar de limitaciones en equipos, suministros y medicamentos. Y en no pocas ocasiones, a pesar de la incapacidad demostrada de muchas de las autoridades superiores de los últimos tiempos.

Dicho eso, comparto sin más preámbulos la información disponible en las páginas del INEC, señalando antes, con pesar, que la descripción del estado de salud presentada en la página Web del MINSA está desactualizada (data del 2013). Tampoco hay información sobre los avances del plan y las actividades para disminuir la mortalidad materna. Ojala y nuestras autoridades tomen nota de esto y publiquen oportunamente lo que llevan a cabo.

Exceptuando las cifras de 2011 (cuya validez recomiendo investigar), la gráfica muestra una ligera, pero clara, tendencia al descenso. En el año 2011 el Ministerio de Salud, la Caja de Seguro Social y el Despacho de la Primera Dama, en colaboración con la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), llevaron a cabo el lanzamiento de la Iniciativa Maternidad Segura. Lamentablemente no encontré información sobre el avance de esta iniciativa.

El examen por provincia y comarca, muestra que Panamá y Colón, junto con la Comarca Ngäbe Buglé, presentan la mayor cantidad de defunciones maternas (en cifras absolutas) en el período 2008 al 2015.

No obstante, al analizar el indicador “razón de mortalidad materna por 100,000 nacidos vivos, apreciamos que, aunque se refleja la misma tendencia al descenso, nuestras áreas rurales aún no alcanzan la Meta 3.1 de los ODS para 2030, “reducir la tasa mundial de mortalidad materna a menos de 70 por cada 100.000 nacidos vivos”. Sin embargo parece claro que alcanzarán.

El caso de nuestras tres comarcas y de la provincia de Colón, es muy diferente, pues muestran una razón (promedio) superior a las 300 muertes maternas por cada 100,000 nacidos vivos, equivalente a cuatro veces el valor del indicador para la provincia de Panamá, lo que nos aleja de alcanzar la meta antes señalada y nos obliga a redoblar los esfuerzos en estos territorios.

En este contexto el Gobierno de la República de Panamá y su Gabinete Social, puso en marcha en el 2015, la iniciativa “Trabajando Juntos por la Salud Materna en la Comarca Ngäbe Buglé”, para cumplir con el objetivo de reducir la mortalidad materna a un 65%. Tampoco encontré información sobre al avance de esta iniciativa. Recomiendo que esta iniciativa (actualizada y mejorada) se extienda a las demás Comarcas y a la Provincia de Colón.

A pesar de la tendencia al descenso señalada al inicio, las principales causas de defunciones son: Hemorragia Obstétrica, Eclampsia, Aborto complicado con infección, Pre eclampsia, Anemia que complica el embarazo, parto y puerperio, Embarazo ectópico. Todas ellas asociadas a la atención médica en hospitales y centros de salud, así como los cuidados prenatales, el estado de salud previo, y las desigualdades en las condiciones de vida de la población. La concentración de altas tasas afecta, principalmente, las áreas impactadas por la pobreza y la falta de servicios básicos. En fin, todas las causas prevenibles y evitables

¿Y Qué tenemos que hacer para evitar las muertes maternas?

Las estrategias para poner fin a la mortalidad materna prevenible requieren, antes de todo, del desarrollo de un enfoque de la salud basado en los derechos humanos, y centrado en la eliminación de las considerables desigualdades persistentes en nuestro país, las que generan disparidades en el acceso a la atención sanitaria, en su calidad y resultados.

La inmensa mayoría de las muertes maternas se evitarían fortaleciendo los programas nacionales que aumentan el acceso de las mujeres a servicios de salud de buena calidad y culturalmente apropiados, con una Atención Primaria de Salud desarrollada por personal con las competencias necesarias. Estos servicios deben integrar de manera gratuita la educación sexual integral y la atención también integral en todas las etapas: la preconcepción (incluida la planificación familiar), el embarazo, el parto y el posparto. Una consideración especial requiere el tratamiento del aborto terapéutico y el aborto inducido. Es otro tema pendiente que debe resolver nuestra sociedad.

Es igualmente necesario trabajar mucho más, de manera comprometida y sostenida en el desarrollo y fortalecimiento de la Rectoría del MINSA y de las Funciones Esenciales de Salud Pública, especialmente las que tienen que ver con el desarrollo de nuestros recursos humanos, y con la vigilancia de la calidad y calidez de la atención.

Para finalizar, les invito a leer y utilizar el material disponible en la página “Cero muertes maternas por hemorragia”, una iniciativa de la Organización Panamericana de la Salud, OPS/OMS, y el Centro Latinoamericano de Perinatología, Salud de la Mujer y Reproductiva, CLAP/SMR, dedicada a prevenir que las mujeres mueran como consecuencia de una hemorragia posparto.

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