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Atribulado por la pérdida de pudor de muchos funcionarios de los tres Poderes del Estado, quienes amparados por la impunidad que les confiere el clientelismo político reinante, aceptan coimas, aprueban el pago de sobrecostos por obras de todo tipo, y llevan a cabo contratos ilegítimos, todo lo cual vulnera nuestra economía y afecta nuestro desarrollo; me topé primero con una montaña de basura a dos cuadras de mi casa en Bethania, y luego con un tranque endemoniado en la “tumba muerto”, que me obligaron a reflexionar sobre la salud de mi ciudad. Eso sí, no se crean los políticos que nos vamos a olvidar de la situación a la que nos han llevado. Pero entremos en materia sin más preámbulos.

¿Cuándo fue la última vez que paseamos por el Parque Omar o la Calzada de Amador? ¿Hay otros parques cerca de nuestras casas? ¿Cuánto tiempo tardamos en llegar a nuestro trabajo todos los días? ¿Caminamos, lo hacemos en bicicleta, en nuestro carro, en el ineficiente sistema de transporte que padecemos? Es probable que la mayoría de los que vivimos en la ciudad de Panamá, excepción de unos pocos corregimientos privilegiados, demos respuestas desalentadoras a estas preguntas.

Hoy en día está probado que la salud se forja en el ámbito local, en los entornos de la vida cotidiana, en los barrios y comunidades en los que personas de todas las edades viven, aman, trabajan, estudian y juegan. Por esa razón la Organización Mundial de la Salud, OMS, define la ciudad saludable como aquella que “está constantemente creando y mejorando el entorno físico y social que desarrolla los recursos comunitarios que permiten a las personas se ayudan mutuamente en la realización de todas las funciones vitales y desarrollar todo su potencial” Y, nos viene advirtiendo desde hace algún tiempo que “el entorno urbano tiene un impacto directo en la salud de los habitantes, y destaca el papel fundamental de la planificación urbana en la consecución de un siglo XXI saludable. En especial, la Organización hace un llamamiento a las autoridades municipales, residentes y promotores de una vida saludable, entre otros, para que examinen atentamente las inequidades sanitarias en las ciudades y tomen las medidas oportunas…

Con esto en mente, démosle un vistazo a nuestra ciudad para darle respuesta a la pregunta inicial de esta publicación…

De acuerdo a las denuncias casi cotidianas, “en nuestra ciudad no existe la “planificación urbana”, al contrario, el crecimiento urbano ha sido anárquico y desordenado. Hay un auge de construcciones desproporcionadamente inmensas para los barrios donde están ubicándose, con la anuencia de nuestras autoridades… Tampoco existe un efectivo control social de la gestión. Y qué decir de la atención a las necesidades de los ancianos.

Nuestra organización social es débil, las calles son un desorden, en el cual impera la anarquía de la ley del más vivo y el más fuerte, ante la ausencia absoluta de la fuerza policial, que debería existir para poner orden y ayudarnos, en vez de limitarse a poner “Retenes” los viernes y días de pago…

Aunque las estadísticas del Ministerio de Seguridad tratan de convencernos de que “solo es una percepción” y han disminuido los hechos delictivos, la mayoría de los ciudadanos nos sentimos inseguros. Mantenemos altas cifras de violencia general, doméstica y en especial contra las mujeres, el número de pandillas es elevado y no son raros los secuestros y asaltos a los bancos, en algunos casos asociados a homicidios.

Sobre los espacios saludables, cualquiera diría que ahí está el Parque Omar, o la calzada de Amador, u otro de los que tenemos. Pero trate usted de llegar a un parque, tiene que salir de su oficina o de su casa, dispuesto a pasar una hora en el “tranque”, estresándose, enfermándose y sufriendo toda clase de abusos e improperios por parte de la mayoría de los conductores… Al final nos conformamos con los centros comerciales, donde perdemos nuestra identidad, vemos una película mala, pues aquí solo nos exhiben películas de monstruos imposibles, superhéroes o muñequitos. También practicamos el consumismo desenfrenado y nos alimentamos de comida chatarra que contribuye a enfermarnos más aún…

La mayoría de nuestra población sufre diariamente el pésimo servicio de transporte público. El Metro y Metrobús son insuficientes y la gente se ve obligada a arriesgar su vida en los busitos piratas, diablos rojos y Taxis, cuyos conductores, con la anuencia y venia de las autoridades, abusan de las tarifas, o sencillamente “no van para allá”. Al final, llegar a la casa toma entre dos y tres horas, dependiendo de dónde viva usted. Y al llegar, lo esperan las labores domésticas. ¿Cuándo descansan o duermen los usuarios de nuestro transporte público?

La ciudad de Panamá continúa inundada en basura. Esta se acumula en las barriadas porque los ciudadanos no tenemos conciencia, botamos de todo y además padecemos un deficiente servicio de recolección. Las playas y manglares de la bahía de Panamá se han convertido en depósitos de desechos como botellas de plástico y hasta restos de electrodomésticos y colchones. Las acumulaciones de basura de todo tipo en nuestras calles, en especial las de los corregimientos pobres, lo cual empeora con la llegada de las lluvias, hacen frecuentes las inundaciones por el acumulo de desperdicios en los cauces de nuestros ríos.

Al final mi conclusión es que nuestra ciudad está enferma y necesita que todos nos juntemos para ayudarla a sanar, convirtiéndola en un territorio idóneo de calidad de vida, bienestar, seguridad que queremos.

Los ciudadanos estamos obligados a vencer la indiferencia, pasividad, falta de interés respecto de la política y ejercer con efectividad nuestro derecho y deber de controlar la gestión pública. Si no lo hacemos aumentamos el margen de maniobra y la discrecionalidad de las autoridades, en este caso municipales.

La Alcaldía debe mejorar pues casi la mitad de los capitalinos percibe la gestión del alcalde como mala o muy mala. Debe mantener el esfuerzo en integrar la salud como consideración fundamental en todas sus políticas, creando las condiciones para que todos tengamos una vida más saludable, segura y plena. Para ello recomiendo que se tomen como referentes, los diez ámbitos de actuación para las ciudades saludables, acordados por más de 100 alcaldes de todo el mundo en el Consenso de Shanghái sobre Ciudades Saludables 2016. A saber:

  1. Atender las necesidades básicas de todos los habitantes (educación, vivienda, empleo y seguridad)…;
  2. Tomar medidas para eliminar la contaminación del aire, el agua y el suelo en las ciudades, y luchar contra el cambio climático en el ámbito local para que nuestras industrias y ciudades sean respetuosas con el medio ambiente y garantizar aire y energía limpios;
  3. Invertir en nuestros niños, dando prioridad al desarrollo durante la primera infancia y garantizar que las políticas y programas de las ciudades en materia de salud, educación y servicios sociales no dejen atrás a ningún niño;
  4. Hacer que nuestros entornos sean seguros para las mujeres y las niñas, protegiéndolas especialmente del acoso y la violencia de género;
  5. Mejorar la salud y la calidad de vida de la población pobre de zonas urbanas, los habitantes de barriadas marginales y asentamientos informales, y los migrantes y refugiados —y velar porque tengan acceso a viviendas y atención de salud asequibles;
  6. combatir las diferentes formas de discriminación contra las personas que tienen discapacidades o VIH/sida, las personas mayores, y otras;
  7. Proteger nuestras ciudades contra las enfermedades infecciosas tratando de asegurar la inmunización, agua limpia, saneamiento, la gestión de los desechos y el control antivectorial;
  8. Diseñar nuestras ciudades a fin de promover la movilidad urbana sostenible, los desplazamientos a pie y la actividad física a través de barrios atractivos y respetuosos con el medio ambiente, infraestructuras para un transporte activo, leyes robustas sobre seguridad vial y la accesibilidad de las instalaciones de juego y ocio;
  9. Poner en marcha políticas sobre la inocuidad y sostenibilidad de los alimentos que potencien el acceso a alimentos saludables y asequibles y a agua sana, reduzcan la ingesta de azúcar y sal, y reduzcan el consumo perjudicial de alcohol, especialmente a través de la reglamentación, el control de precios, la educación y los gravámenes fiscales;
  10. Logar que nuestros entornos estén libres de humo legislando para que los lugares públicos interiores y el transporte público estén libres de humo, y prohibiendo todas las formas de publicidad, promoción y patrocinio de tabaco en nuestras ciudades.
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