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accidenteVienen los Carnavales. La mayoría de los panameños intentaremos relajarnos, aferrándonos al festejo, para olvidarnos, aunque sea por una semana, que la corrupción estructural que nos ha caracterizado desde tiempos inmemoriales, así como la impunidad absoluta, se pasean libremente por nuestro territorio, lesionando nuestra economía y nuestro prestigio internacional, sin que la justicia alcance a todos los culpables, pues aquí, además de ciega, es selectiva.

Pero esta publicación no es para hablar de los males políticos, éticos y morales que nos agobian. No, esta es para llamar la atención sobre la necesidad de cuidar nuestras vidas en las carreteras. Y en estas fiestas hacer un esfuerzo por divertirnos sanamente, superando el desenfreno carnestoléndico que nos caracteriza, que nos pone en peligro, y puede llenar de luto a nuestras familias y a esta sociedad que nos necesita vivos y productivos.

De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Censo, en los últimos diez años fallecieron en accidentes de tránsito cerca de 4,300 personas. La mayoría de los accidentes y las muertes fueron durante los fines de semana y días feriados. Siguen siendo las principales causas de estos fallecimientos: el exceso de velocidad, las distracciones como chatear frente al volante, el estrés cotidiano, manejar bajo los efectos del alcohol, la impericia y el incumplimiento de los reglamentos de tránsito, como el no usar el cinturón de seguridad o, en el caso de los motociclistas, no usar casco. Muy preocupante es el hecho de que el año pasado, las muertes por atropello y fuga se incrementaron en el país un 20 por ciento, lo que implica, además de lo anterior, una falta de solidaridad y humanidad.

fallecidos-2007-2016A eso agreguemos que el año pasado el parque vehicular llegó a 1.2 millones, superando por más de 300,000 vehículos la cifra de 2015, lo que implica que en 2017 tendremos en las calles una mayor exposición al riesgo de accidentes y muerte, para todos los usuarios del sistema de transporte terrestre y una nueva generación de conductores, con escasa experiencia en el manejo. Tengamos presente que el año pasado el 52% de los accidentes de tránsito fueron protagonizados por jóvenes entre 19 y 30 años.

vehiculos-y-accidentes-2011-2016

En conclusión, nuestra sociedad pierde todos los años un promedio cercano a los 430 ciudadanos, la mayoría en edades productivas, por causas que pudieron y debieron evitarse. Y, lo más doloroso es que las cifras se mantienen año tras año, lo que indica que como sociedad no hemos sido capaces de controlar y disminuir el número de heridos y fallecidos por accidentes de tránsito, con su secuela de sufrimientos y pérdidas emocionales, sociales y financieras para las familias afectadas y para todo el país.

Por nuestra parte, los panameños tenemos que comprometernos con revertir esta tendencia, comenzando por la recuperación de nuestros valores cívicos y morales. En ese sentido, parafraseando al filósofo y orientador social argentino  Joaquín Salvador Lavado Tejón (QUINO), me permito hacernos el siguiente llamado por la vida:

“Superemos nuestra  proclividad al hedonismo y a la depresión; nuestra dependencia de lo exterior, al mundo de la imagen y su relativismo; abandonemos el egoísmo y la superficialidad con la que manejamos las relaciones humanas; y ese vacío existencial que nos lleva a una profunda soledad.”

“Renunciemos al culto a la belleza, al dinero, al talento, a la juventud. Cesemos esa búsqueda desesperada por “ser alguien”, por sobresalir”. Aprendamos a estar felices con nosotros mismos…

“Vivamos una espiritualidad “plena”. Llevemos una vida con profundidad, con conciencia. Comprometidos con nuestra fe, cualquiera que esta sea renunciando felices a las cosas carentes de valor verdadero. Venzamos el egoísmo individual y busquemos el bien de los otros antes que el propio. Seamos solidarios. Aprendamos a amar. Seamos más honestos. Veamos por los más débiles” 

Y cuando nos subamos a un vehículo o seamos peatones; tomemos conciencia de los factores de riesgo que influyen en la posibilidad de un accidente y en la gravedad del mismo. Cumplamos con las leyes y normativas de tránsito, y seamos responsables, cuidándonos y protegiendo las vidas de los demás conductores y peatones.

Por su parte el gobierno debe honrar su compromiso, desarrollar una política real de prevención vial y fortalecer el la aplicación efectiva de las intervenciones propuestas en nuestro Plan Nacional para el Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2011-2020, el cual lanzamos con bombos y platillos, confirmando nuestro compromiso nacional con el Plan Mundial de Naciones Unidas para el Decenio de Acción para la Seguridad Vial 2011-2020 y organizado en cinco pilares estratégicos: 1. Gestión y abordaje de la seguridad vial de una forma integral, lo que requiere la participación de muchos sectores (transportes, policía, salud, educación); 2. Planificación, diseño, construcción y funcionamiento de las vías de tránsito y movilidad más segura, en especial para los usuarios más vulnerables; 3. Mejoramiento continuo de la tecnología de seguridad pasiva y activa para lograr vehículos más seguros; 4. Cambio del comportamiento de los usuarios de las vías de tránsito (educación, vigilancia del uso cinturón de seguridad, casco, velocidad, alcohol, celular y otros riesgos); y 5. Aumento de la capacidad de respuesta a las emergencias y rehabilitación a mediano y largo plazo, desde la perspectiva de los derechos humanos.

El desarrollo exitoso del plan requiere que gobierno y sociedad construyamos una cultura de trabajo intersectorial, para que la participación de los sectores gubernamental, la sociedad civil y privado se consolide y profundice.

Es evidente que, salvo la aprobación de la Ley 21, los logros del plan han sido muy limitados, como lo reflejan las estadísticas citadas al inicio. Es cierto que se han intensificado y modernizado los controles policiales, aunque los retenes prefieren los viernes y días de pago y, según algunos expertos, las formas cómo se han venido practicando son abusivas y violadoras de los derechos humanos. Es cierto que se ha mejorado notablemente la infraestructura vial, y tenemos un moderno sistema de Metro, aunque ahora sabemos que los sobrecostos y las coimas estuvieron a la orden del día, y recientemente los busitos piratas y los temibles “diablos rojos”, están recuperando las calles, frente a la mirada indiferente del gobierno.

Nos toca a los panameños ejercer el control social de la gestión de este plan y exigirle al gobierno su cumplimiento. ¡Hagámoslo!

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