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ilusion-opticaTodos en Panamá sabemos que existen claros riesgos para que los jubilados y pensionados cuenten con los recursos necesarios, luego de retirarse o cumplir con sus cuotas, ya que “en 2019 la institución entrará en déficit de caja, y en el 2025 no habrá reservas”.  En ese contexto me pregunto ¿Cuál es el Programa de Pensiones que queremos los panameños?, y no me cabe la menor duda que lo que queremos (salvo algunos privilegiados que no les preocupa) es un programa que nos asegure una pensión suficiente para vivir de forma digna y cómoda al jubilarnos. Esa esperanzada respuesta me lleva a otra pregunta, aún más importante: ¿Cómo conseguimos eso?

Lo primero que debemos considerar es ¿de cuáles panameños estamos hablando? Y al margen de las consideraciones de clase social o ingreso económico que son harto conocidas y nos llevan a la conclusión fácil y no demostrada por ningún estudio que yo conozca, de que “los ricos quieren un seguro privado y los pobres uno público”; es obligatorio añadir al análisis, la edad y valores culturales de la mayoría de los panameños.

Veamos el tema de la edad: de acuerdo a estimaciones del INEC para el 2015, el 52.1% de nuestra población total, tenía entre 15 y 49 años. En tanto que solo el 20.4% somos mayores de 50 años. Y si le sumamos a los primeros los menores de 14 años, entonces resulta que el 79.9% de nuestra población tiene menos de 50 años.

poblacion-2015-inecEntonces la primera tarea es hacerles la pregunta a esos jóvenes, que son la mayoría y constituyen el futuro de la Patria. ¿Cómo piensan ellas y ellos?, ¿confían en las promesas que les vienen a diario de cada sector de interesados?, ¿cuál es su valoración de lo que hay, y de lo que puede haber? En fin, sobran las preguntas sin respuesta, se las dejo a los sociólogos y a los economistas. Pero por favor, no demos por sentado que en Panamá todos preferimos el fondo público y que todos abrazamos el principio de la solidaridad entre generaciones, y entre ricos y pobres. Investiguemos antes de seguir adelante. Yo, un panameño de 66 años, sí creo en la solidaridad y sí prefiero mi fondo público (al cual hay que fortalecer y blindar de la injerencia política y la corrupción). Pero puede que las nuevas generaciones, sin dejar de ser solidarios, piensen diferente en cuanto a la mejor opción para todos.

No hay duda de que lo más angustiante para todos es la cuestión financiera, pues es sabido que “al beneficio definido basado en la solidaridad donde las generaciones presentes apoyan a las que ya están pensionadas, se le agotarán las reservas aproximadamente en una década (10 años)”. Aunque algunos voceros del gobierno (sin contar con las cifras actuariales actualizadas) nos “aseguren” que “debido a que la economía panameña sigue creciendo, “…no se presentó déficit en el Programa de Invalidez, Vejez y Muerte durante este año y que tampoco existen indicios del déficit en 2017 y 2018…” Como queda claro en la siguiente gráfica, aunque aumentaran los ingresos, la brecha entre éstos y los egresos, se seguirá ampliando, y mas temprano que tarde nuestras reservas se agotarán. Así que por favor “no nos echen cuentos”…

situacion-financiera-del-pivm-xlsxEs urgente pues la necesidad de llevar a cabo un Diálogo Nacional para ponerse de acuerdo en una nueva estrategia que permita el funcionamiento de la alternativa que prefieran todos los panameños. Ya sea para estabilizar el Fondo de Invalidez, Vejez y Muerte de la Caja de Seguro Social, o para fortalecer el subsistema mixto que defienden los directivos de la CSS.

En ese contexto, el Presidente manifestó que convocará a un diálogo para tratar el tema de las finanzas de la CSS, pero… “una vez el equipo de actuarios de la entidad termine sus respectivos análisis”. En todo caso, ojala que sea pronto, pues ya llevan más de dos años con este discurso y los costos sociales y políticos se van a sentir, para el perjuicio de todos.

Especial interés en el debate tendrán temas como la eliminación de la Ley 51, la edad de jubilación, el número de cuotas, el monto de los aportes, la “tributación solidaria, la selección de las aseguradoras privadas, la integración de los servicios de la CSS y del MINSA, buscando una mayor eficiencia administrativa, la necesidad de incorporar en los planes educativos, contenidos relacionados con la formación de valores, especialmente el de la solidaridad, etc… Sobre estos abundan los puntos de vista y publicaciones y no me referiré a ellos. Solo subrayo la necesidad de elevar las coberturas y fortalecer los sistemas de pensiones básicos solidarios, así como diseñar esquemas flexibles y creativos que procuren atraer a los trabajadores y trabajadoras que están en el mercado informal, a las mujeres y a grupos vulnerables para que esta población pueda tener una pensión cuando lleguen a la vejez.

Sobre este particular recomiendo a nuestras autoridades conocer, como complemento, la experiencia de Costa Rica y buscar un convenio de colaboración entre los dos países. Allá, con la participación de toda la población, llevaron a cabo un Diálogo Nacional sobre Seguro Social, e iniciaron la superación de una crisis similar a la nuestra adoptando una serie de medidas tendientes a controlar el gasto, mejorar los ingresos y generar ahorro con modelos de gestión innovadores. Adicionalmente, llevaron a cabo otro diálogo, específico para el fortalecimiento del Programa de Invalidez, Vejez y Muerte. Vale destacar como una de las principales conclusiones “…la necesidad de elevar las coberturas y fortalecer los sistemas de pensiones básicos solidarios, pues los de cuenta individual por si solos, no han logrado solucionar los grandes desafíos de los regímenes de jubilación…” A lo que agrego yo: que lo contrario también puede ser cierto.

Finalmente, subrayo que en el manejo del Fondo, sea público o privado, debe prevalecer la honradez, la transparencia y la rendición sistemática de cuentas. Eso sí que es raro en nuestra historia reciente, y, constituye, en mi opinión, el reto más importante que tenemos. Pues público o privado, puede irse a la ruina si los gerentes no son los mejores y prevalece la corrupción y el clientelismo político que nos ha caracterizado.

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