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balsademedusaNo es por falta de dinero que nuestro sistema de salud está en crisis. En mi opinión los problemas surgen de tres grandes vertientes. Por un lado la falta de aptitud (ineptitud para ser mas claros) de muchos de nuestros funcionarios públicos, se le suma la ineficiencia producto de la desorganización, propiciada por el descontrol y la corrupción, y en no pocos casos la indiferencia y falta de compromiso en la gestión pública. Todas íntimamente vinculadas a la necesidad de fortalecer la capacidad de Gestión Pública y la necesidad de eliminar la injerencia nociva de los intereses políticos, económicos, y gremiales en las cuestiones pública. Veamos…

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2010) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2014), se requiere un mínimo de un 6% del PIB como condición necesaria para reducir las inequidades y aumentar la protección financiera en el marco del acceso universal a la salud y la cobertura universal de salud (OPS 2014).

Por nuestra parte, la información disponible del MINSA (lamentablemente actualizada solo hasta 2013), nos dice que el gasto público en salud como porcentaje del PIB ¡aumentó desde 6.8% en 2009 a 9.7% en 2013! Lo mismo ocurrió con el gasto público en salud per cápita, el cual aumentó de B/. 382.4 a B/. 704.6 en el período. Cifra, según los expertos, suficiente para alcanzar los resultados en salud que deseamos. No obstante, subrayo que el gasto privado en salud sigue siendo elevado y representa el 25% o más del gasto total en salud. Es decir que muchas personas deben acudir al sector privado a buscar soluciones (que debería brindar el sector público) para sus problemas de salud. Y que muchas de estas personas no tienen los recursos económicos para ello, lo cual contribuye al empobrecimiento de nuestra gente.

Como si fuera poco; de acuerdo al Informe económico y social del Ministerio de Economía y Finanzas, correspondiente al primer semestre de 2015, están presupuestados B/.10,332.1 millones para gastos sociales (B/.114.53 millones más), representando el 47.2% del gasto público total. El gasto social fue destinado primordialmente a instituciones que directamente atienden las necesidades básicas de la población en salud (B/.4,080.03 millones o 39.5%) y educación (B/.2,854.10 millones o 27.6%). No obstante, subrayo, y nos debería dar vergüenza, el sector con menor ejecución presupuestaria fue Salud, (34.3%, B/.8.25 millones o 0.59% menos) ¡porque en 2014 se realizaron pagos de los proyectos llave en mano! 

Gasto Nacional en Salud del año 2009 al 2013

Gasto en salud editado

Fuente: Diseño propio a partir de información del MINSA, Contraloría General de la Republica, MEF Dirección de Análisis Financiero y Económico.

En este contexto, sin referirnos en este artículo a la “corrupción de nuestro sector público”, que es nuestro principal problema, y es motivo de titulares, casi diarios, en todos nuestros diarios, y es reconocida por organismos muy serios, como la Organización para la transparencia Internacional, que nos otorga un Índice de percepción de la Corrupción de 37/100 (pésimo en mi opinión), preguntémonos cuáles son las razones para que nuestro sistema de servicios de salud esté en crisis, demostrada por los expertos:

Esta crisis es además percibida con desconsuelo por la ciudadanía a través de frecuentes quejas por falta de acceso, calidad y calidez a la hora de intentar recibir una atención en el sistema público de salud, al punto que, de acuerdo a un preocupante análisis periodístico “…los pacientes de los centros hospitalarios temen que puedan pagar con sus vidas el problema de la planificación estatal en materia de salud…”

Gasto y FESP

Entonces pareciera claro que la solución a la crisis de nuestro sistema de salud, pasa necesariamente por el fortalecimiento de la capacidad de Gestión Pública y la necesidad de eliminar la injerencia nociva de los intereses políticos, económicos, y gremiales en las cuestiones públicas

Este fortalecimiento de la capacidad de Gestión Pública deberá propiciar una gerencia eficiente, efectiva, con equidad, de nuestras instituciones, y por ende, un uso igualmente eficiente y efectivo de los recursos que nosotros los panameños invertimos en salud.

Para comprobar esta necesidad, basta con echar un vistazo a la formación profesional y experiencia previa en gestión pública, de la mayoría de los funcionarios a cargo de nuestras instituciones. En muchas ocasiones para acceder a un elevado cargo público pesa más la influencia política, familiar, económica social, gremial, etc.; que una trayectoria meritoria que demuestre con hechos la capacidad del aspirante.

Y no digo que para ser Ministro o Director de la Caja de Seguro Social, hay que tener una Maestría en Salud Pública o una especialidad en el tema. ¡No! Lo que hace falta es que la alta autoridad coloque en los puestos claves a los técnicos más capaces para que estos orienten de la mejor manera la decisión política y estratégica.

Y, huelga comentar, que los altos puestos técnicos del nivel central de gobierno deben ser todos, sin excepción por concurso, garantizando que el/la mejor profesional interesado/a sea el que ocupe el puesto y esté protegido/a de los “caprichos” de la autoridad de turno, y de los vaivenes políticos, garantizando que la “agenda de salud del País” se cumpla. Lo mismo es válido para los niveles regionales y locales. Eso no se improvisa, eso se estudia, se aprehende, se incorpora a la práctica cotidiana de trabajo y se convierte en cultura…

Y esa alta posición, la de Ministro/a o Director/a de la CSS, que es por definición, un puesto político, debe ser ocupada por el mejor “cuadro político” del partido en el poder, con una comprobada trayectoria de éxito en el sector público. Nunca debería ser por razones que no tienen nada que ver con las competencias necesarias para el cargo, como por ejemplo: porque es un médico clínico o cirujano de prestigio, o un empresario de éxito, ¡como si eso fuera suficiente para ser el líder del Sector Salud! O en el peor de los casos, por razones personales, como ser un amigo del Presidente o Presidenta de turno o de alguien cercano a él o ella, o porque estudiaron juntos en el colegio, o porque es el médico de la esposa o el esposo, del líder de turno.

Desgraciadamente, como lo demuestran la información arriba mencionada, esa desacertada decisión política inicial, acarrea, además de las falencias en el desempeño, el incremento en los gastos para nombramientos de asesores que ayuden a paliar la debilidad, los cuales, en no pocas ocasiones, también adolecen de las mismas limitaciones que el titular de la Cartera. Situación que ignora las fortalezas de los mandos medios de la institución, favorece la desorganización, los malos manejos y la corrupción.

En este ámbito le tocará a nuestros partidos políticos tienen la tarea pendiente de “formar la masa crítica necesaria para cuando llegue el momento de ocupar el poder, sean los mejores hombres y mujeres del partido los que ocupen los puestos políticos”. En lugar de echar mano a la improvisación tradicional que no nos deja avanzar…

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