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Envejecer en América Latina y el Caribe

Comparto el prólogo de la publicación del Banco Interamericano de Desarrollo titulada “Envejecer en América Latina y el Caribe: protección social y calidad de vida de las personas mayores”, los invito a la lectura completa del documento original, así como a complementar con mis publicaciones previas sobre el envejecimiento saludable y la construcción de un sistema de pensiones que garantice cobertura adecuada, suficiencia de las prestaciones y sostenibilidad financiera.

Para los panameños, la búsqueda del envejecimiento saludable es un imperativo, pues en el país, las personas mayores representan más del 12% de la población, y para el 2050 sumarán casi 1.5 millones de personas mayores de 60 años. La inmensa mayoría mantiene todas sus habilidades personales y sociales, y aspira a seguir envejeciendo de forma saludable y productiva, aprovechando las oportunidades disponibles y contribuyendo al desarrollo del país. Sin embargo, el alcance de estas oportunidades y contribuciones depende en gran medida de un sistema de protección social que garantice seguridad de ingresos, calidad de vida y esperanza de vida saludable.

Envejecer en América Latina y el Caribe

De acuerdo con los autores, “es un hecho públicamente reconocido que América Latina y el Caribe está envejeciendo a un ritmo sin precedentes. Aunque a velocidades distintas, durante las últimas décadas todos los países de la región han sido testigos de cambios sociales y económicos clave que han provocado un descenso de las tasas de fecundidad y de mortalidad. La transición demográfica resultante se ha traducido en una mayor esperanza de vida y un aumento del porcentaje de personas mayores en la región, una tendencia que se espera que continúe en los próximos años. El incremento de la longevidad ha venido acompañado de una mejora general de la calidad de vida de las personas mayores, que hoy en día gozan de mejor salud y tienen menos probabilidades de caer en la pobreza que hace veinte años”.

El informe del BID sostiene que, “al menos parte de esta mejora es el resultado de la implementación de políticas de protección social en los ámbitos de las pensiones, la atención médica y los cuidados de larga duración. La ampliación de las prestaciones de pensiones no contributivas, junto con los esfuerzos por conseguir una atención médica universal y una agenda incipiente de políticas de cuidados de larga duración, han contribuido a mejorar la vida de las personas mayores”.

Sin embargo, agregan los autores, “a pesar de los avances, los retos que tiene por delante la región son enormes. Las políticas de protección social para las personas mayores se enfrentarán a graves presiones fiscales y de sostenibilidad social en las próximas décadas. Además, los logros recientes no han llegado a todos de la misma manera. Hay diferencias, tanto entre países como dentro de ellos, que no se pueden justificar, ya que las mujeres y quienes se encuentran en el extremo inferior del espectro socioeconómico están en clara desventaja en comparación con los demás”.

En ese sentido, la pregunta que nos hacemos todos es “¿Cómo seguir avanzando por el camino de una mejor cobertura y calidad de la protección social y, al mismo tiempo, controlar las presiones fiscales? La respuesta de este informe es que la única manera es adoptar un enfoque holístico en el diseño de las políticas de protección social, que considere explícitamente las interacciones y sinergias entre las pensiones, los servicios de salud y los cuidados de larga duración. Aunque no existe una receta única, y cada país deberá evaluar la viabilidad de las reformas teniendo en cuenta su contexto social, económico y fiscal específico, la necesidad de un enfoque integrado en los tres ámbitos de protección social es primordial”.

Subrayan los autores que, “al promover el progreso social, el fortalecimiento de las instituciones, y la igualdad de género, la publicación se alinea con la Visión 2025 del Banco Interamericano de Desarrollo. Agregan que, “es el deseo de los autores, que el trabajo presentado se convierta en una herramienta útil para los responsables políticos y académicos de las áreas de pensiones, salud y cuidados de larga duración, así como para el público en general. En especial, a medida que, como sociedad, seamos cada vez más conscientes de los beneficios y retos sociales que conlleva el envejecimiento de la población”.

Finalmente manifiestan su convencimiento con que, “la región puede tener un futuro brillante, en el que las personas tengan una vida más larga y saludable junto a una economía vigorosa y productiva, cuyos beneficios se extiendan a todas las generaciones. También estamos convencidos de que el camino a seguir pasa por adoptar un enfoque holístico, que aborde la diversidad de experiencias de envejecimiento y vincule las políticas de pensiones, salud, y cuidados de larga duración”.

 

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