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la COVID-19: el camino a seguirTerminó el mes de junio, acumulamos más de 20,000 casos y cerca de 300 defunciones por la COVID-19 en el mes, con una clara tendencia al aumento de casos y defunciones para el mes de julio. Eso nos llena de angustia y desesperación y motiva que más de uno prefiera quedarse confinado en su casa y utilice las redes sociales para hacer un llamado a la cuarentena total. Otro grupo de ciudadanos argumenta a favor de la necesidad de seguir avanzando en el levantamiento progresivo y asimétrico de la cuarentena original, aumentando el tiempo de los ciudadanos para salir de sus casas, a la vez que se promueve la apertura de los demás bloques de la actividad económica. Pero no se trata de decidir entre la opción de confinarnos o la opción de salir a trabajar. Debemos aprender a vivir con el virus, utilizando todas las estrategias que conocemos para derrotarlo.

Como señalé la primera semana de mayo, la estrategia de supresión que hemos seguido en Panamá, la debemos mantener y fortalecer hasta que aparezca la vacuna contra la COVID-19 y se proteja con ella a toda la población. Pero eso no implica paralizar durante todo ese tiempo nuestras vidas y eliminar toda actividad económica. Implica medidas muy estrictas al principio, por unas pocas semanas, como las que llevamos a cabo al inicio, y luego ir abriendo poco a poco la actividad, como venimos haciendo desde el 1 de junio. En ese sentido, les corresponde a las autoridades de salud, proponer y guiar los ritmos de restricción o relajamiento, siempre en coordinación con el sector empresarial.  Los criterios tienen que ser el resultado de ponderar riesgo a la salud e importancia para la sociedad; esto requiere una granularidad mucho mayor, hasta el nivel de cada negocio especifico, donde se pueden evaluar comportamientos riesgosos. Además, para ser efectivos, se requiere de la participación de la ciudadanía activa en la gestión de la vuelta a la normalidad.

El camino a seguir

Personalmente, soy de la opinión de que no podemos echar para atrás y volver a la cuarentena. El país no lo resistirá. El confinamiento y la supresión de la libertad para salir a trabajar, produciría gran desesperación popular ante la falta de ingresos y la posibilidad real de hambre. Como si fuera poco, el presupuesto gubernamental se alimenta de los impuestos que pagamos los ciudadanos. Si no se abre la economía, poco a poco, entonces no hay recaudación de impuestos, y el gobierno no tendrá la capacidad financiera para proveer de los recursos humanos y equipo médico que se necesita para la lucha contra el virus. La solución no es total cuarentena o total apertura, es un equilibrio que permita que se haga lo que se tenga que hacer con el financiamiento que se necesite para contener y superar la epidemia por la COVID-19.

Por otro lado, considero que sí podemos frenar el aumento de casos, por la COVID-19, manteniéndolo en cifras manejables. Sabemos lo que tenemos que hacer y no me cansaré de repetirlo: hay que mejorar la masificación de pruebas y el rastreo de contactos. A los positivos que no tengan los recursos hay que aislarlos (obligatoriamente) en hoteles y brindarles todo el apoyo económico a las familias que se quedan en casa. También hay que considerar cercos sanitarios donde sea posible, brindando a las comunidades confinadas, todo los que necesiten para vivir y garantizarle a la población, la conservación y vuelta a su trabajo cuando se levante el cerco.

Recomendaciones para las empresas

Al final, asumiendo que la población y las instituciones cumplirán con su parte para contener la epidemia de la COVID-19; lo más importante en esta etapa en la que las personas van a salir a trabajar, es que, el gobierno y las empresas, junto con los empleados, garanticen la seguridad de los trabajadores. Aunque ya me referí brevemente a este tema en mi artículo anterior, me pareció necesario compartirles un extracto de la encuesta llevada a cabo por la consultora internacional McKinsey & Company, en la cual informa sobre las intervenciones que las compañías estadounidenses están llevando a cabo para ayudar a mantener a sus empleados seguros.

La mayoría de las compañías encuestadas están realizando cuatro tipos de intervenciones para evitar el contagio por la COVID-19, comparto un breve resumen: (I) limitar el contacto directo e indirecto de persona a persona, por ejemplo: redefinir dónde se realiza el trabajo (presencial o remoto), minimizar las oportunidades de interacción y realizar cambios físicos en los espacios de trabajo; (II) asimismo, se identifican y aislar personas potencialmente infecciosas, por ejemplo: tomando temperatura a empleados y clientes, haciendo rastreo y monitoreo de contactos de empleados que dieron positivo para COVID-19; (III) También se promueve la implantación de prácticas nuevas o modificadas para la limpieza y desinfección, a la vez que se fomenta la higiene personal (por ejemplo, lavado frecuente de manos) y modificaciones a los sistemas de ventilación; (IV) finalmente, se recomienda suministrar a los empleados, equipos de protección personal, que incluye máscaras faciales, guantes, protección para los ojos y batas u overoles), así como la implementación de reglas requeridas para su utilización y capacitación sobre el uso adecuado.

Todas esa intervenciones pueden ser llevadas a cabo por nuestras empresas, con el acompañamiento de las autoridades y los trabajadores, esperemos que así sea.

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